THE ROW Y EL SILENCIO MATERIAL
Por Andrea Cova - noviembre 28th, 2025
En la Semana del Diseño de Milán, entre los gigantes de la industria del mobiliario y las nuevas propuestas de interiorismo, surgió una voz inesperada, pero necesaria: The Row. La firma de Mary-Kate y Ashley Olsen eligió un escenario sobrio y casi secreto, el Palazzo Belgioioso del siglo XVIII, para presentar su primera incursión en el universo del hogar. Allí, con bandejas minimalistas y copas de Prosecco, revelaban un nuevo universo, uno privado que estaba pensado más como un gesto de intimidad que como un lanzamiento masivo. En el centro de la sala, una manta hecha con la fibra más delicada del Valle de Cachemira se exhibía como si fuera una escultura y no un objeto utilitario, más bien se trataba como una especie de muestra; una propuesta de arte contemporánea. Ya para este punto, el mensaje estaba claro: para The Row, el espacio doméstico merece la misma atención que una prenda o incluso una obra de arte, y los objetos que lo habitan deben cumplir con el rigor obsesivo que ha guiado la marca desde sus inicios.
La colección comienza con lo esencial: mantas, sábanas, almohadas y nada más. Esa restricción no es casualidad, sino una extensión de la manera en que las Olsen han trabajado la moda desde 2006. Si al principio dedicaron años a pulir siete piezas básicas de vestuario, hoy concentran su energía en lo que parece, en apariencia, elemental. Pero ese minimalismo esconde un proceso meticuloso y casi perfecto; pruebas interminables de fibras, debates sobre el peso exacto de un tejido y discusiones sobre tonalidades de blanco que terminaron con la decisión de descartarlo por alejarse del ADN de The Row. ¿El resultado? Una línea que se aleja de cualquier indicio de ostentación visible. El único guiño a la marca se esconde en un pequeño monograma bordado en las esquinas de las piezas, lo demás es silencio material: cachemir acolchado a mano, tonos profundos que absorben la luz y superficies que invitan a percibir el tiempo y el hogar desde otra ventana.
Cortesía The Row
El espacio doméstico, en la visión de The Row, no es un lugar de acumulación, sino de depuración e incluso, contemplativo. Las Olsen lo conciben como una extensión del cuerpo y la mente, un escenario donde la calma se fabrica con atención obsesiva al detalle. Sus mantas no son solo refugio térmico, son un gesto de disciplina estética y sus sábanas no son una superficie neutra, sino un campo textil cargado de historia e importancia artesanal. En esa visión se reconoce una manera distinta de entender la alta gama, porque para las diseñadoras no se trata de excesos, sino de gestos sencillos que encuentran su génesis en el minimalismo. Esta concepción se enlaza con la noción japonesa de lo doméstico como lugar de contemplación y con la tradición moderna de convertir la casa en un espacio estético.
Las tiendas de The Row han funcionado, desde hace muchos años, como un laboratorio previo de esa idea, no son boutiques convencionales, sino espacios concebidos como viviendas imaginarias. El ejemplo más claro es la tienda de Los Ángeles, instalada en una mansión de mediados de siglo en Melrose Place. Allí, el visitante atraviesa un comedor, un salón y un jardín que parecen habitados, aunque en realidad están organizados como escenarios de ropa y mobiliario. Las piezas de Paul McCobb, Poul Kjaerholm o Jean Prouvé se combinan con sofás de terciopelo y alfombras artesanales para crear un lenguaje que mezcla archivo histórico y sensibilidad contemporánea. Entrar en esa tienda es encontrarse con una versión condensada del hogar The Row, donde la sobriedad, los materiales nobles y la ausencia total de lo excesivo es la premisa… CONTINÚA LEYENDO EN ISSUE PAPER #67
Cortesía The Row
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