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Lifestyle

SUPERFINE: CELEBRANDO AL “BLACK DANDY”

Por Manuel Santelices - agosto 29th, 2025

La noche del pasado 5 de mayo, las escalinatas del Metropolitan Museum of Art de Nueva York se llenaron de dandys que llegaron a celebrar “Superfine: Tailoring Black Style”, la exhibición del Costume Institute que sirvió como tema para la Gala del MET de este año.

Siguiendo precisas instrucciones de Anna Wintour, editora de Vogue y anfitriona del evento, los invitados buscaron diseños impactantes que reflejaran su personalidad y fueran construidos específicamente para ellos. Así, Zendaya apareció luciendo un ceñido traje de pantalón y chaqueta blanca de Louis Vuitton con corbata al tono y fedora, un look que trajo a la memoria el traje blanco de Yves Saint Laurent que Bianca Jagger usó para su matrimonio con Mick Jagger en París en 1971. Bad Bunny en Prada, Lewis Hamilton en Wales Bonner, Colman Domingo en Valentino, Pharrell en Louis Vuitton, Alton Mason en Boss y Maluma en Willy Chavarria demostraron que “tailoring’ puede ser la palabra más creativa del mundo de la moda. La más sexy. O la más elegante, como demostró el supermodelo de los 90 Tyson Beckford, en un smoking de chaqueta blanca de Ralph Lauren y Tom Ford.

Aunque la exhibición se centra en moda masculina, las mujeres invitadas a la gala hicieron gran esfuerzo para adaptarse. Kim Kardashian fue una de las muchas que decidieron usar sombrero “a la dandy”, en su caso de cuero negro combinado con un vestido del mismo material, tan ajustado, tan revelador en sus curvas más protuberantes, que pareció un milagro que pudiera respirar. Una a una fueron subiendo los peldaños las estrellas: Nicole Kidman, Demi Moore, Anne Hathaway, Lupita Nyong’o, Doechii, Cardi B… Janelle Monaé se vistió como un armario diseñado por Thom Browne. Rihanna hizo alarde de su panza embarazada en Marc Jacobs. Y Diana Ross ocupó literalmente toda la entrada del Metropolitan Museum con la interminable capa de su vestido blanco de plumas, donde iban inscritos los nombres de sus nietos y donde necesitó la ayuda de media docena de asistentes para caminar. What a night!

Toda esta fanfarria no es gratuita. Las ocasiones en que la gala del MET ha estado dedicada a moda masculina son escasas, y particularmente a moda masculina de una minoría como la afroamericana, nulas. La exhibición fue inspirada por el libro “Slaves to Fashion: Black Dandyism and the Styling of Black Diasporic Identity”, de Monica L. Miller, que además fue una de las curadoras de la muestra junto a Andrew Bolton. Aparte de eso, la figura- y el guardarropa- del recordado y admirado editor André Leon Talley, fallecido hace un par de años, parece omnipresente en el museo.

Ilustraciones de  Manuel Santelices

 

Las galerías del Costume Institute están ahora cubiertas por prendas que a primera vista impactan por su extravagancia, la magnificencia de su construcción, su inesperado colorido y su desafiante estilo. Desde un chaqué del siglo XVIII a la camisa ablusonada de Prince en “Purple Rain”, cada pieza sugiere una vida en busca de identidad y dignidad. Los desafíos de la cultura afroamericana y sus marcadas contradicciones están presentes en cada puntada de Superfine. Por un lado, está una historia dolorosa de maltrato, segregación y dificultades sociales y económicas, y por otro, está el milagro del resurgimiento y el orgullo, de usar cualquier herramienta a mano -música, literatura, moda- para establecer un nuevo camino.

Ese fue el caso, sin dudas, de Leon Talley. El editor creció en el sur de Estados Unidos cuando la segregación era rampante. Altísimo, delgado, negro y completamente obsesionado con Vogue y la moda, fue víctima de acosos y maltratos de parte de sus compañeros, incluso en la universidad. Pero en cuanto terminó sus estudios, y sin un centavo en el bolsillo, se despidió de la adorada abuela que lo crió y tomó un bus a Manhattan. De ahí en adelante, como contó en sus memorias “The Chiffon Jungle”, todo fue una aventura. Creativo e inusual, creó a su alrededor un círculo de creativos e infrecuentes. Así conoció en una fiesta a Andy Warhol, que al día siguiente lo contrató como recepcionista en su oficina de la revista Interview. Según dijo, él era el único que realmente trabajaba en esa oficina. También trabajó junto a la legendaria editora Diana Vreeland en el Costume Institute, y su relación se hizo tan intensa e íntima, que cuando la editora pasó sus últimos meses en cama, al borde de la muerte, la única persona que podía visitarla era Leon Talley. Le leía poemas de Baudelaire.

En su libro, el editor cuenta que detrás de todo el glamour y la belleza que le acarreó su trabajo en Vogue y otras revistas de moda, las fabulosas comidas, los viajes fantásticos y el envidiable clóset, sintió siempre el fantasma del racismo asomándose por su espalda. En uno de los párrafos más emocionantes de las memorias, recuerda el dolor que sintió cuando supo que algunos en París se referían a él como King Kong.

Historias como esa son sugeridas en “Superfine”. Una espectacular chaqueta y chaleco del siglo XIX en terciopelo granate con bordes dorados esconde la historia de cómo los propietarios de grandes haciendas sureñas a veces vestían a sus “esclavos de lujo” en parafernalia más propia de un palacio del siglo anterior, con el fin de ostentar no solo la posesión de un esclavo, sino el dinero suficiente para vestirlo de esa manera. El popular “zoot suit” de los años 30, con sus pantalones abombados y su chaqueta cuadrada de grandes hombreras, es también una armadura contra la agresión externa y un símbolo de fuerza y poder dentro de la comunidad.

La tensión entre el glorioso pavoneo y los orígenes más introspectivos del dandy hacen repensar la historia y la implicancia de la moda como símbolo simultáneo de libertad y represión.

Los curadores aseguran que esta es una exhibición con muchos puntos de entrada y que pretende cubrir asuntos como raza, género, sexualidad e historia en sus galerías. También es la oportunidad de reivindicar el trabajo de tantos diseñadores negros que han sido tradicionalmente dejados a un lado por la industria. Es un amplio y difícil terreno por cubrir y, por lo mismo, el esfuerzo del MET ha sido recibido más que nada con gratitud.

Ilustraciones de  Manuel Santelices

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