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Beauty, Opinión

SKINCARE EXTREMO: ¿NECESITAMOS 10 PASOS O ES MARKETING?

Por María Jesús Sielfeld - junio 5th, 2025

¿En qué momento cuidar la piel se transformó en una competencia? Hoy, abrir TikTok o Instagram es casi entrar a una especie de reality de rutinas de skincare donde gana quien tiene más productos, más pasos, más capas. Mascarillas, sueros, tónicos, esencias, limpiadores dobles, contorno de ojos, cremas para el día, para la noche, para el cuello, el escote, el alma. Todo se nos presenta como esencial y urgente, pero ¿de verdad lo es? ¿O estamos cayendo en una trampa perfectamente diseñada por la industria cosmética?

No hay duda de que el skincare bien orientado puede ser una herramienta maravillosa. Ayuda a mejorar la textura, la hidratación, e incluso la autoestima. Es un ritual de autocuidado, y eso no tiene nada de superficial. Pero también es cierto que la saturación de información, y la presión de tener la piel “perfecta”, ha convertido el cuidado facial en una especie de religión moderna. Una en la que, si no sigues al pie de la letra los 10 pasos coreanos o si no tienes al menos tres tipos de serums activos en tu repisa, pareciera que estás haciendo todo mal. El problema es que no toda esa información es verídica ni toda esa rutina es necesaria… ni mucho menos saludable.

Hemos revisado estudios, artículos especializados y opiniones de dermatólogos y expertos en cuidado de la piel. Y aunque cada piel es distinta y debe ser tratada como tal, la mayoría coincide en algo: lo básico sigue siendo lo más importante. Una buena limpieza (mañana y noche), hidratación adecuada y protector solar son los pilares de cualquier rutina efectiva. Todo lo demás, ácidos, boosters, herramientas de masaje, cremas con ingredientes imposibles de pronunciar, puede ser útil, pero también puede saturar la piel si se usa sin criterio o sin la asesoría de un especialista. Hay pieles que necesitan menos, y obligarlas a “rendir” ante capas y capas de producto solo empeora su condición.

Cortesía Getty Images 

 

Además, no podemos ignorar el componente comercial de todo esto. Las marcas de cosmética saben que vender una rutina extensa y aspiracional, que supuestamente te acerca a una piel irreal, es más rentable que vender solo tres productos. Y muchas veces, nos dejamos llevar por la promesa de “glass skin” o “baby skin”, sin cuestionar si esa imagen es alcanzable o siquiera real. La obsesión por tener la piel sin textura, sin poros y sin imperfecciones ha reemplazado al bienestar real, convirtiendo el skincare en un ideal inalcanzable más que en una herramienta de salud.

No se trata de demonizar la cosmética, sino de recuperar el sentido común. Antes de comprar el último serum viral o seguir la rutina de 12 pasos de una influencer, vale la pena preguntarse: ¿esto lo necesita mi piel o lo necesita mi ansiedad? Volver a lo simple, asesorarse bien y entender que menos, muchas veces, es más. Porque cuidar la piel no debería ser una carrera de consumo, sino una relación sana con uno mismo.

Cortesía Getty Images 

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