Chatea con nosotros para suscribirte
Opinión

¿QUIÉN MANDA: LA CASA O SU DIRECTOR CREATIVO?

Por María Jesús Sielfeld - septiembre 11th, 2025

En el universo de la alta gama, el juego de poder se vuelve cada vez más evidente: ¿importa más el logotipo estampado en la ropa o la visión creativa (aunque a veces invisible) de quien lo imaginó? Antes, las grandes casas eran territorios intocables donde el legado lo era todo; hoy, el nombre del director creativo puede llegar a tener tanto peso, o incluso más, que la etiqueta misma.

Los últimos años han sido testigos de un vaivén de protagonistas: Alessandro Michele ha acabado un ciclo en Gucci, Pierpaolo Piccioli ha terminado su etapa en Valentino, Demna ha dejado Balenciaga y a pesar de que Jonathan Anderson se consolidó como el diseñador más influyente de Loewe, se retiró para dirigir Dior. Cada cambio de rumbo ha dado un nuevo aire fresco a la conversación global, demostrando que las casas de moda ya no viven solamente de su legado e imagen histórica, sino también del talento de su creador.

Pero la marca, con todo ese peso de icono, sigue siendo un gigante al que no se lo puede tumbar fácil. Chanel, Dior o Hermès han sobrevivido a generaciones de diseñadores sin perder ni un poco de fuerza ni de ventas. La magia está en el ADN que ya pusieron sus fundadores: códigos que son ya sinónimo de exclusividad y eternidad. En ese sentido, el director creativo es un mero transmisor, ya sea más o menos capaz, de un guión que ya estaba escrito.

Cortesía Dior y Valentino 

Pero hay veces que ese transmisor es capaz de cambiar el texto entero. Tom Ford en Gucci, Hedi Slimane en Saint Laurent o Alessandro Michele, nos dejaron claro que un creador puede dar tanta vida a una casa que, justo en ese momento, su visión mande más que la del logo. Y el mercado les da la razón: las colecciones se convierten en eventos, los archivos se revalorizan y el ansia crece.

Aquí hay una tensión inevitable: mientras las casas cuidan su legado y patrimonio como su tesoro más preciado, los diseñadores aportan la chispa que las mantiene en boca de todos y en tendencia. La moda se alimenta justamente de ese equilibrio frágil, de la batalla constante entre lo que pretende ser eterno y lo que es fugaz, entre la institución y la persona. Quizás la verdadera respuesta no sea elegir entre uno y otro, ya que las casas de moda hoy necesita tanto la credibilidad de la marca como la audacia de la mente creativa que la encabeza. Porque si algo ha quedado claro en estas temporadas de cambios, es que la moda es un diálogo: sin marca, el diseñador pierde escenario y sin diseñador, la marca corre el riesgo de volverse muda.

Cortesía Balenciaga y Gucci

 

 

Share

0