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History

POR OBRA Y GRACIA DE THE ROW

Por María Jesús Sielfeld - noviembre 19th, 2025

La mayoría conocimos a las gemelas Olsen por sus películas. Desde que eran unas bebés, Ashley y Mary-Kate crecieron con nosotros con películas como It Takes Two, New York Time o Our Lips Are Sealed. Con su fama monumental llegaron a tener libros, muñecas y una productora propia, creando un imperio mediático antes de que cumplieran 18 años. Acostumbradas a moverse en la industria de Hollywood y ya vistas como referentes de estilo, parecía lógico que terminaran acercándose a la moda. Mary-Kate lo explicó alguna vez: “Crecimos en un mundo de adultos, rodeadas de mujeres muy estilosas”. Lo inesperado fue que, cuando lanzaron The Row en 2006, no buscaron más fama ni exposición. La marca creció y ellas hicieron justo lo contrario: se borraron del mapa público.

The Row nació con algo tan simple y, a la vez, tan difícil: la búsqueda de la camiseta perfecta. Ambas, ya en Nueva York, se dedicaron a una exploración intensa de patrones, materiales de primera y procesos artesanales, con la idea de construir una prenda básica que fuera impecable. El nombre The Row es un guiño a Savile Row, la famosa calle de sastrería londinense. Su idea era trasladar esa obsesión por la confección a medida y atención al detalle a la ropa de diario femenina. Desde el inicio, su filosofía se centró en la calidad sin concesiones, los acabados y los materiales excepcionales como la cachemira, la seda o el cuero fino. Se trataba de una visión clásica y atemporal, dirigida a una mujer que valora la discreción por encima de la ostentación del logo. Ashley, con la mente más enfocada en las financias y negocios, y Mary-Kate, con el aporte creativo, lograron una fórmula donde la calidad es la única protagonista.

A pesar de su gran fama anterior, cuando lanzaron la marca se enfrentaron a la desconfianza del mundo de la moda: ¿otra famosa haciendo ropa? Por su estrategia fue muy inteligente: el silencio. Las Olsen casi nunca dan entrevistas y son cero activas en redes. La cuenta de The Row solo sube fotos de arte, casi nada de sus colecciones y nada de ellas, como diciendo: “Aquí lo importante es la obra, no quién la hizo”. Este misterio hizo que la ropa tuviera que defenderse sola. La gente que la compra saben que es bueno y que su valor radica únicamente en la calidad y el diseño. Esto les permitió ganarse el respeto de la crítica y de los expertos.

Cortesía The Row

 

Hoy, The Row es una de las marcas más valoradas y deseadas a nivel global. El informe The Lyst Index del tercer trimestre de 2025 la ubicó en el puesto número 4 (subiendo 4 posiciones con respecto al Q1), confirmando su impacto. Su estética de siluetas limpias, tonos neutros y confección precisa la visten celebridades y mujeres influyentes que buscan proyectar una imagen sofisticada y poderosa. Así lo vemos en figuras como Zoë Kravitz o Kendall Jenner. Entre sus piezas más codiciadas se encuentran los abrigos de cachemira o lana, las sandalias Dune, los mocasines con efecto relieve y, sobre todo, el bolso Margaux.

A pesar de la discreción, The Row ha seguido creciendo de manera orgánica, expandiéndose a una línea masculina, complementos y perfumes. El desafío para las hermanas Olsen ahora es cómo mantener ese aura de exclusividad y ese «secreto bien guardado» mientras su popularidad se dispara. Su visión es perdurar más allá de las tendencias pasajeras, ofreciendo a una clientela exigente una alternativa duradera y de excelencia.

Cortesía The Row

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