La nueva gira internacional de la artista comenzó este lunes en Lyon, Francia, y, una vez más, confirma que estamos frente a una figura en su máxima expresión. El concierto destaca por una puesta en escena meticulosa, donde cada elemento parece dialogar con el siguiente. Las expectativas eran altas, impulsadas por el éxito de su nuevo álbum, un trabajo que rompe con su era anterior y se sumerge en un territorio sonoro distinto. Flamenco, orquesta, electrónica y pop se entrelazan para dar forma a un lenguaje propio, alejado de lo estrictamente comercial. Un disco experimental que no solo se escucha, sino que también se contempla en el universo del LUX Tour.
El primer concierto funciona como una puerta de entrada a lo que será esta gira: un espectáculo artístico que trasciende lo vocal y se adentra en la poesía escénica. Todo fluye con naturalidad en una propuesta innovadora, donde el show se divide en actos, como una obra de teatro u ópera. Con oberturas e interludios, el escenario se convierte en un cruce entre ballet, rave y pop, con sutiles guiños a lo religioso. Una combinación que transforma el concierto en un relato que se despliega, escena a escena.
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El inicio se sumerge en el mundo del ballet, revelando una Rosalía delicada y luminosa, de una precisión casi etérea. Su voz, suave y envolvente, acompaña esta primera atmósfera de pureza. Luego, la obra avanza hacia un imaginario más religioso y místico, para finalmente mutar hacia una estética más oscura, donde lo electrónico toma protagonismo sin desprenderse de la base orquestal. Esta dualidad sonora eleva la puesta en escena, fusionando lo musical con lo visual en un resultado sofisticado, por momentos cinematográfico.
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