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Opinión

PASARELAS PRIDE: ¿COMPROMISO REAL O CAMPAÑA DE TEMPORADA?

Por María Jesús Sielfeld - junio 16th, 2025

Junio se tiñe de arcoíris. Lo hacen las calles, las redes sociales, las tiendas y, por supuesto, las pasarelas. Durante el Mes del Orgullo, las marcas, desde las más comerciales hasta las de alta gama, despliegan campañas que celebran la diversidad, la inclusión y la libertad de expresión sexual. Pero mientras los catálogos se llenan de glitter y discursos sobre tolerancia, surge la inevitable pregunta: ¿están las firmas realmente comprometidas con la causa LGBTQIA+ o simplemente capitalizan el Pride como una estrategia de marketing más?

Que la moda tiene poder como agente cultural no es novedad. Lo que sí resulta más complejo es medir el alcance y la autenticidad de ese poder cuando se mezcla con intereses comerciales. A lo largo de los últimos años, hemos visto cómo marcas como Converse, Calvin Klein, Levi’s, Ralph Lauren, Versace, Coach, Savage x Fenty o Balenciaga se suman a las celebraciones del Pride con colecciones cápsula, campañas protagonizadas por figuras queer o donaciones a fundaciones LGBTQIA+. Y sí, muchas de estas acciones generan visibilidad, recursos y representación. Pero ¿es suficiente?

El problema no está en que las marcas celebren el Pride. Al contrario, que las grandes industrias visibilicen la lucha del colectivo es un paso importante en una sociedad que aún tiene mucho por avanzar en términos de derechos, respeto e igualdad. Sin embargo, cuando estas expresiones se limitan a un mes al año, con prendas edición limitada, colores vibrantes y colaboraciones mediáticas, sin un compromiso sostenido, caemos en lo que muchos ya denominan como “pink washing”, o más específicamente en este caso, “rainbow washing”: el uso simbólico de los colores del arcoíris para posicionarse como inclusivos ante el público, sin acciones concretas o estructurales detrás. Es una estrategia publicitaria que convierte una causa en un producto de temporada, beneficiando más a la marca que a la comunidad que dice apoyar.

Cortesía MARCAS 

Tomemos algunos ejemplos. Balenciaga, en su colección Pre-Fall 2021, donó un porcentaje de las ganancias al Proyecto Trevor, una organización que previene el suicidio en jóvenes queer. Ralph Lauren lanzó una línea genderless cuyas ventas apoyaron a la fundación Stonewall. Y Versace, junto a Lady Gaga, creó una cápsula que recaudó fondos para la Fundación Born This Way. Iniciativas valiosas, sí. Pero no siempre coherentes con la cultura interna de estas marcas, que en muchos casos aún no garantizan espacios seguros ni representación real en sus equipos creativos o ejecutivos.

La moda puede (y debe) ser una plataforma para el cambio. Pero ese cambio exige coherencia. No basta con añadir los colores del arcoíris a una camiseta o convocar a una drag queen para una campaña si el resto del año se ignora a la comunidad. El activismo no se mide en prendas vendidas, sino en acciones sostenidas: políticas inclusivas, representación diversa, apoyo económico a organizaciones todo el año y posicionamientos claros frente a discursos de odio o regresiones legislativas. Recordemos que el Pride no es solo una estética ni una tendencia. Es memoria, es lucha y es futuro. Las marcas que realmente quieran formar parte de esta historia deben demostrarlo más allá del mes de junio. Porque el verdadero compromiso no se desfila una vez al año: se practica todos los días.

Cortesía MARCAS 

 

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