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¿OTRA OPORTUNIDAD A LA FALDA DE CUADROS? 

Por Antonia Peñaloza –
Agosto 30, 2026

Hay prendas que inevitablemente cargan recuerdos. La falda de cuadros es una de ellas. Uniformes de colegio, looks grunge, minifaldas de los 2000 o ese momento en que todas tuvimos alguna versión de tartán en el clóset. Durante años, el estampado estuvo tan asociado a determinadas estéticas que parecía difícil imaginarlo fuera de ellas. Hasta ahora. En 2026, las faldas de cuadros vuelven a aparecer, pero se ven bastante distintas a las que recordamos: más largas, fluidas, asimétricas y relajadas, demostrando que los cuadros todavía tienen mucho por explorar.

Y no hablamos precisamente del clásico vichy de verano ni de la típica minifalda tartán plisada. La nueva versión juega con cuadros de mayor tamaño, colores más apagados y telas ligeras, además de cortes irregulares que transforman por completo la percepción del estampado. En las tiendas ya aparecen versiones tipo pañuelo, de mesh, circulares, asimétricas y con bastante movimiento. Zara, Mango, H&M, Pull&Bear y Massimo Dutti son algunas de las marcas que las han incorporado durante la temporada. Una coincidencia que, a estas alturas, ya podemos llamar tendencia.

Las pasarelas habían dado algunas pistas. Durante las colecciones de 2026, los cuadros aparecieron en propuestas de firmas como Chanel, demostrando que el estampado podía desprenderse de esa imagen rígida con la que muchas veces lo relacionamos. No es un fenómeno completamente nuevo: las faldas de cuadros ya tuvieron un momento importante durante los años noventa. Marc Jacobs las llevó a su recordada colección Primavera-Verano 1993 para Perry Ellis, mientras Chanel presentó su propia interpretación durante Primavera-Verano 1997. Décadas después, vuelven a escena, pero esta vez sin intentar reproducir aquellos looks.

Cortesía Getty Images

¿Cómo llevarla en 2026?

Una de las combinaciones favoritas del equipo ISSUE es también la más sencilla: falda de cuadros y tank top blanco. Se pueden sumar ballerinas para un resultado más femenino, sandalias para una propuesta más relajada o botas negras si se busca darle mayor peso al conjunto. Una camiseta deportiva también funciona, precisamente porque mezcla dos piezas que, en teoría, no tienen demasiado que ver entre sí. Y si hace frío, una chaqueta de cuero, un blazer oversize o un sweater amplio consiguen alejarla de cualquier referencia demasiado literal.

También vale la pena prestar atención al largo. Si las minifaldas de cuadros inmediatamente nos transportan a otra época, las versiones midi y maxi son probablemente la forma más sencilla de acercarse nuevamente al estampado. Los cortes asimétricos y las siluetas tipo pañuelo hacen todavía más evidente que no estamos frente a la misma falda que usamos hace diez o veinte años.

Porque ese es, finalmente, el punto de esta tendencia: no volvió exactamente la falda de cuadros que conocíamos. Volvió una versión mucho más libre y difícil de clasificar como femenina, preppy, grunge o romántica. Y si todavía tienes una olvidada al fondo del clóset, antes de comprar otra quizás conviene probarla de una manera distinta. Puede que el problema nunca hayan sido los cuadros, sino la forma en que los estábamos usando.

Cortesía Getty Images

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