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Beauty

MÁS QUE NAKED: EL IMPERIO BEAUTY DE URBAN DECAY

Por María Jesús Sielfeld - abril 23rd, 2025

En un mundo donde el maquillaje solía ser sinónimo de rosas pálidos y rojos clásicos, Urban Decay irrumpió como un huracán de purpurina, azules eléctricos y actitud rebelde. Fundada en 1996 por Wende Zomnir, una apasionada del makeup que a los 13 años fue expulsada de clase por llevar demasiado rimel, la marca no solo desafió los cánones de belleza, sino que los pulverizó. Con un espíritu punk y una filosofía que celebra la autenticidad, Urban Decay se convirtió en el safe space de quienes creen que el maquillaje no es un disfraz, sino un megáfono para gritar quiénes son.

Zomnir, una visionaria con el ADN “DIY”, no esperó a que la industria la aceptara: la conquistó. Desde sus inicios en un bungalow de California, mezclando esmaltes negros con nombres como Oil Slick y Roach, hasta su adquisición por L’Oréal en 2012 (por unos astronómicos $300-400 millones), Urban Decay ha sido sinónimo de innovación. ¿Su arma secreta? Tecnología y storytelling. Fueron pioneros en sombras longwear con el Eyeshadow Primer Potion, revolucionaron el mercado con la paleta Naked, un éxito que se vendía cada seis segundos en 2015, y hasta colaboraron con Disney para crear empaques 3D que parecen arte pop.

Cortesía Urban Decay 

Pero más allá de los productos, el éxito de Urban Decay radica en su comunidad. Caras como Lizzo, Ezra Miller, Karol G, Joey King, y colaboraciones con íconos como Gwen Stefani o Prince (The Prince Estate) refuerzan su mensaje: la belleza no tiene género, ni reglas. Sus seguidores adoran el All-Nighter Setting Spray (un holy grail para el maquillaje indestructible), los labiales Vice, con tonos desde gunmetal hasta rosa algodón de azúcar, y las sombras Moondust, que brillan como constelaciones.

¿Qué le depara el futuro a este imperio? Con Zomnir al mando creativo, la marca explora fórmulas veganas y limpias sin sacrificar su esencia edgy, empaques sustentables que mantengan su impacto visual (pero con menos huella ecológica), y experiencias digitales inmersivas que lleven la experimentación beauty al metaverso. Además, su apuesta por la inclusividad radical, con bases en 50 tonalidades y campañas que celebran la diversidad, promete romper aún más esquemas. Urban Decay no planea conformarse con ser un clásico, sino seguir siendo un referente de vanguardia y ese alter ego rebelde que nos susurra al oído: “Píntate los labios de azul, prueba ese verde neón en los párpados, mezcla texturas como si no hubiera reglas”. Porque su legado no son solo sombras o labiales, sino la libertad de usarlos para expresar hasta lo que las palabras no alcanzan a decir. El maquillaje como revolución, un glitter a la vez.

Cortesía Urban Decay 

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