MÁS ALLÁ DEL PARAÍSO: HOTEL NAYARA HANGAROA, UNA PUERTA A RAPA NUI
Por María Jesús Sielfeld - agosto 5th, 2025
La llegada a Rapa Nui no fue silenciosa. Entre tambores, collares de flores frescas y sonrisas genuinas, entendimos que esta isla no se siente. A solo cinco minutos del aeropuerto, Nayara Hangaroa nos esperaba con techos cubiertos de pasto vivo y una promesa clara: aquí nada es casual. Desde el primer instante, el hotel nos envolvió en un relato donde la cultura ancestral, la arquitectura orgánica y el ritmo pausado del entorno marcan la pauta. Ese mismo día nos revelaron que teníamos acceso a ocho experiencias durante nuestra estadía, desde excursiones por sitios arqueológicos hasta masajes y rituales de spa. La emoción era tal que no sabíamos por dónde empezar.
Nuestra habitación, la número 14, parecía surgir de la tierra misma: una cama sobre piedra volcánica, ventanales que dejaban entrar la luz cálida del atardecer, una tina de barro, un minibar bien surtido y una terraza con vista directa al mar. Todo hablaba de cuidado, de calma y de conexión con lo esencial. El diseño, a cargo de la interiorista chilena Paula Gutiérrez, honra la cosmovisión rapanui sin estereotipos: materiales nobles, formas curvas y detalles que susurran en lugar de gritar. No hay televisores, ni falta hacen, el espectáculo está afuera.
Pero la experiencia no se limita a las habitaciones. Cada rincón del hotel parece narrar una historia: los techos verdes, inspirados en las antiguas casas bote; los senderos curvos que imitan los círculos rituales; las construcciones que se funden con el paisaje como si siempre hubiesen estado ahí. El diseño está inspirado en el centro ceremonial de Orongo y en la leyenda del hombre pájaro, una figura clave en la tradición rapanui. Esa misma energía espiritual se respira al recorrer el spa, diseñado como un manavai (espacio de cultivo ancestral) donde el silencio, la arena blanca y los aromas de aceites esenciales crean una atmósfera casi ceremonial.
Y luego está la comida. Lo que en cualquier otro viaje sería una pausa, aquí se transforma en ritual. El restaurante Poerava, con su terraza frente al Pacífico, nos regaló desayunos con frutas locales, ceviches vibrantes y atunes cocinados a la piedra que aún recordamos. Por las noches, el restaurante Kaloa subía la apuesta con una propuesta más sofisticada, ideal para ver el atardecer con una copa de vino chileno en mano. Fue ahí donde conversamos con el chef, quien nos contó cómo cada plato busca rendir homenaje a la isla: camote, mango, langosta Ra Rape y pescados frescos cocinados con técnicas clásicas y modernas.
Cortesía Hotel Nayara Hangaroa
Entre comidas y pausas en el spa, exploramos la isla: caminatas hasta Ahu Tahai, visitas a la playa Anakena, recorridos por el cráter del volcán Rano Raraku y tardes enteras frente a los quince moái de Ahu Tongariki. En cada salida, el equipo del hotel nos acompañó con un conocimiento profundo y una calidez que marcó la diferencia. Una noche incluso presenciamos un espectáculo de danza tradicional en el mismo hotel: tambores, cantos, cuerpos pintados que parecían contar historias de amor y guerra.
Lo que más se agradece de Nayara Hangaroa es que entiende que no todos los viajeros buscan lo mismo. Ofrece distintos programas, desde los más flexibles hasta los más personalizados, todos pensados para conectar con la isla a un ritmo propio. Incluso celebridades como John Travolta, John Malkovich y Sam Rockwell han elegido este hotel para descubrir la isla más remota del mundo. Pero lo cierto es que, con o sin famosos, lo que permanece es la sensación de haber vivido algo irrepetible.
Nos fuimos con el corazón lleno. Aprendimos de la cultura rapa nui, caminamos entre moái como si fuera la primera vez, probamos platos inolvidables y, sobre todo, nos desconectamos del ruido. Cada rincón del hotel fue una invitación a detenerse y escuchar: al mar, al viento, a uno mismo. En Nayara Hangaroa, incluso el descanso tiene sentido. Porque hay lugares que no solo se recuerdan, se quedan contigo como una certeza suave que dice: algún día vas a volver.
Cortesía Hotel Nayara Hangaroa
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