La nueva colección de temporada de Louis Vuitton cerró la Semana de la Moda de París con un desfile presentado en la Cour Carrée del Louvre. Bajo la dirección creativa de Nicolas Ghesquière, la maison transformó el histórico patio en un paisaje con escenas inspiradas en montañas y naturaleza, entregando como mensaje una propuesta que exploró la relación entre el ser humano y su entorno. La colección planteó una visión de folclore contemporáneo, donde referencias al viaje, al paisaje y a culturas nómadas se reflejaron en prendas de fuerte presencia visual y una puesta en escena que fusionó fantasía con elementos naturales.
El volumen fue uno de los grandes protagonistas del desfile. Abrigos de hombros exagerados, capas estructuradas y túnicas construyeron siluetas que daban la impresión de ser pensadas para proteger del clima frío. Las texturas reforzaron esa narrativa: lanas densas, shearling, tejidos técnicos y acabados que recordaban superficies naturales como las rocas, el musgo o la corteza. La paleta cromática varió entre tonos tierra, grises y verdes profundos, haciendo alusión a paisajes montañosos y ambientes húmedos. En contraste, destellos metalizados y colores intensos aportaron dinamismo, generando una combinación entre naturaleza y tecnología dentro de la colección.
Cortesía Louis Vuitton


Los accesorios también tuvieron un rol central en la propuesta. Sombreros grandes y estructuras de escultura acompañaron los looks, mientras que los bolsos reinterpretaron los clásicos de la maison junto con diseños experimentales. En el front row, el desfile reunió a figuras como Zendaya y Ana de Armas, recordándonos que este siempre es uno de los shows más esperados de la semana. Con esta colección, Ghesquière reafirma su interés por construir narrativas visuales donde el viaje, el paisaje y la imaginación se convierten en el punto de partida para explorar nuevas inspiraciones dentro del vestuario contemporáneo.
Cortesía Louis Vuitton


