El fenómeno refleja cómo disciplinas como Formula One, SailGP y el fútbol dejaron de ser únicamente competencias para transformarse en plataformas culturales. El paddock, los viajes de los equipos, las campañas y las apariciones frente a cámaras hoy tienen casi la misma relevancia que el deporte mismo. En ese escenario, las firmas de moda encontraron un espacio ideal para expandir su identidad y acercarse a nuevas audiencias. Tommy Hilfiger refuerza su vínculo con la estética náutica y el sportswear estadounidense, Gucci entra al automovilismo de grandes ligas y Loewe convierte a la selección española en una extensión de su universo sofisticado y contemporáneo.
Cortesía marcas


La relación entre moda y deporte ya no pasa solo por el patrocinio tradicional. Las marcas quieren participar activamente en la narrativa visual de los equipos, desde los uniformes de viaje hasta las prendas que vemos en redes sociales y campañas globales. El resultado es una nueva era donde los atletas funcionan también como embajadores de estilo y donde las competencias deportivas se convierten en vitrinas de moda internacional. Sin duda, las casas de moda están encontrando una nueva forma de entrar en conversación con la cultura contemporánea.
Cortesía marcas


