LA BELLEZA DEL VÍNCULO: LA EXPOSICIÓN QUE CELEBRA A ALAÏA Y MUGLER
Por María Jesús Sielfeld - marzo 5th, 2025
¿Qué hubiese sido de Thierry Mugler sin la precisión quirúrgica de Azzedine Alaïa? ¿Y qué habría sido de Alaïa sin el empuje audaz de Mugler? Esta es la pregunta que flota en el aire de la Fundación Azzedine Alaïa, donde se despliega “Azzedine Alaïa-Thierry Mugler 1980-1990: Dos décadas de afinidades artísticas”, una exposición que desentraña la historia de dos genios que, como el yin y el yang, se necesitaron para brillar. Olivier Saillard, el director de la muestra, nos invita a un viaje donde los contrastes se funden: lo íntimo y lo teatral, lo estructurado y lo fantástico, lo silencioso y lo explosivo.
En el corazón del Marais parisino, la Fundación Azzedine Alaïa abrió sus puertas a esta exposición que celebra tanto la moda como la amistad. Más de 300 piezas se presentan en el lugar, incluyendo diseños icónicos y archivos personales, que revelan cómo estos dos titanes de la moda, que aparentemente opuestos, compartieron una visión revolucionaria de la silueta femenina y definieron el glamour de los años 80. Aunque Alaïa y Mugler no adoptaron el mismo enfoque (uno intimista, el otro extravagante), sus creaciones se hicieron eco mutuamente. “Desde que nos conocimos, mi ropa es menos abstracta (…) y la suya tiene algo más llamativo”, escribió Mugler sobre los diseños de Alaïa.
La historia detrás de esta exposición es tan cautivadora como las prendas que exhibe. Todo comenzó en 1979, cuando Mugler, ya un nombre reconocido, encargó a Alaïa, entonces un talento en la sombra, la creación de smokings para su colección Futures Spirales. A pesar de que los créditos iniciales lo nombraban erróneamente como “Asdin Allaia”, este fue el inicio de una relación que trascendió lo profesional. Mugler no solo creía en el talento de Alaïa, sino que lo impulsó a lanzar su propia marca, organizando incluso su primer desfile en Nueva York en 1982. A mediados de los años 80, ambos abogaron por el retorno del glamour absoluto, inspirándose en la edad de oro de Hollywood y en los íconos de los años 30 y 50. Sin embargo, a Mugler le gustaba el espectáculo y Alaïa prefirió la intimidad de los salones silenciosos, pero al ponerlos uno al lado del otro, se ve la conexión entre sus mentes y sus diseños.
Cortesía marca
La exposición es un diálogo visual entre dos estilos que, aunque distintos, convergen en su obsesión por la precisión y la estructura. Desde los hombros esculturales de Mugler hasta los drapeados perfectos de Alaïa, las piezas seleccionadas desafían al espectador a adivinar quién es el autor de cada creación. ¿Es el vestido de terciopelo negro con un escote corazón de satén rosa obra de Mugler? ¿O acaso el traje de lona blanca con flecos de cuerda es de Alaïa? La respuesta no siempre es obvia, y eso es parte de la magia. Ambos diseñadores compartían una visión de la mujer poderosa, con cinturas marcadas y siluetas que celebraban la feminidad en su máxima expresión.
Pero no todo fue armonía. La exposición también aborda una de las mayores tensiones entre ambos: los Oscar franceses de la moda de 1985. Cuando Alaïa ganó dos premios y olvidó agradecer a Mugler en su discurso, este se sintió traicionado. La amistad se enfrió durante años, pero el tiempo, como suele ocurrir, sanó las heridas. En 2016, se reconciliaron durante una cena en París, cerrando un capítulo que había quedado pendiente. “Al final, hablaban el mismo idioma”, reflexiona Saillard. “Simplemente, uno hablaba más alto que el otro”. Así que, si estás en París, no te pierdas la exhibición: es una oportunidad única para ver cómo dos mentes brillantes tejieron juntas el tejido de una década inolvidable.
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