Louis Vuitton vuelve a mirar hacia dentro —literalmente— con su campaña “In My Bag”, una serie de imágenes y videos donde el bolso deja de ser un objeto para convertirse en una especie de inventario íntimo. La protagonista es la Speedy P9, reinterpretación de un modelo nacido en los años 30 que aquí aparece menos como accesorio y más como extensión del cuerpo. Frente a la cámara de Thomas Lagrange, figuras como Jeremy Allen White, Jude Bellingham, Future, LeBron James, Jackson Wang y Victor Wembanyama no posan, porque vemos dentro de sus bolsos, mostrando su intimidad. Y en ese gesto, aparentemente simple, se despliega una narrativa silenciosa sobre hábitos, obsesiones y rutinas, e incluso sobre quienes son ellos.
La Speedy P9 —concebida por Pharrell Williams antes de su debut en la colección masculina Spring-Summer 2024— toma su nombre del Pont Neuf, el puente parisino donde presentó su primer desfile para la casa. Hay algo simbólico en esa elección: un puente como tránsito, como conexión y como punto de cruce entre pasado y presente. El bolso mantiene la estructura reconocible de la Speedy original, pero se suaviza en textura gracias a un tratamiento meticuloso del cuero de becerro, trabajado hasta lograr una superficie flexible, casi táctil. No busca nostalgia, sino continuidad bajo otra lógica.
Cortesía Louis Vuitton


Lo que cada uno decide guardar en su Speedy P9 revela más que cualquier styling. Jeremy Allen White mezcla lo cotidiano con lo imprevisible —un periódico, dados y calcetines extra— como si su bolso fuera una extensión de un día que nunca termina de ordenarse. Jude Bellingham, en cambio, organiza su identidad entre tránsito y representación: anteojos de aviador, pasaporte y camiseta oficial. Future rompe la lógica utilitaria con objetos que no necesariamente dialogan entre sí —una raqueta de tenis, dulces y cadenas— pero que construyen una estética personal sin jerarquías. En todos los casos, el bolso no responde a una función única, sino a una acumulación de capas.
Otros, como LeBron James, Jackson Wang o Wembanyama, tensionan aún más esa idea. Hay pelotas de golf junto a productos de cuidado personal, audífonos profesionales conviviendo con recuerdos familiares, o un mini balón de básquet compartiendo espacio con amuletos. No hay una narrativa lineal, sino fragmentos que se superponen. Y ahí es donde la campaña encuentra su punto más interesante: en vez de definir el lujo desde la perfección externa, lo desplaza hacia lo que cada uno decide llevar consigo. Louis Vuitton, fiel a su herencia ligada al viaje, propone aquí otro tipo de desplazamiento —uno más introspectivo, donde el trayecto no es geográfico, sino personal.
Cortesía Louis Vuitton


