Bajo la dirección creativa de Nadège Vanhèe, la propuesta estuvo claramente marcada por una idea en particular: Cada prenda acompaña el movimiento de quien la usa, pero sin perder la sofisticación ni mucho menos comodidad. Además, la pasarela mostró una colección inspirada en la transición entre el día y la noche, donde la intensidad de los colores dominaron el momento antes del anochecer. Sin duda el resultado fue un ambiente tranquilo y lleno de elegancia, todo lo que busca Hermès.
Las siluetas fueron uno de los elementos más interesantes de la colección, ya que en lugar de estructuras rígidas, la diseñadora optó por prendas más fluidas y relajadas, capaces de adaptarse con naturalidad al cuerpo. Esto permitió que cada look transmitiera una sensación de movimiento constante y libertad, reforzando así el concepto central de la propuesta.
Cortesía Hermès


Los colores utilizados también fueron de gran relevancia, ya que cada tono fue inspirado en los últimos momentos de luz del día, lo que aporta una sensación de calma y equilibrio. Realmente, más que llamar la atención de forma inmediata, la colección buscó que cada uno lograra apreciar el momento de forma tranquila.
Otro aspecto a destacar es la forma en la que Hermès dio a entender que lo presentado está pensado en una mujer activa, que busca verse perfecta, pero cómoda, ya que cada pieza logró integrarse de forma natural en una visión fuera de la pasarela. Sin duda, este segundo capítulo Otoño – Invierno 2026 de la firma muestra una visión basada en lo simple, la libertad y la calidad del momento, ya que en una industria donde se busca la exageración, Hermès demuestra que la verdadera elegancia puede encontrarse en los detalles, el movimiento y en la capacidad de las prendas al poder de adaptación en la vida sin perder su carácter.
Cortesía Hermès


