ELSA PERETTI: LA HUELLA DE LA ETERNA JOYERA
Por Antonia Peñaloza - mayo 15th, 2025
Una diseñadora creativa, perspicaz, de carácter indomable y con un gusto exquisito. Elsa Peretti vivió una vida marcada por el glamour y el drama, convirtiéndose en una de las joyeras más icónicas del mundo. Italiana apasionada, de signo Tauro, alegre y libre, disfrutó intensamente sus 80 años. Nació el 1 de mayo de 1940 en Florencia, en el corazón de la Toscana. Criada en una familia aristocrática, Peretti desde muy joven mostró su deseo de romper con las normas convencionales. Anhelaba una vida auténtica, alejada del «y vivieron felices para siempre», que implicaba casarse y formar una familia dentro de los rígidos parámetros de su clase social. Aunque su familia poseía vastos recursos, su padre, Ferdinando Peretti, era un magnate del petróleo, Elsa siempre buscó su propio camino, distanciándose de ellos para construir su independencia.
Educada en prestigiosas instituciones en Roma y Suiza, desde temprana edad demostró una marcada inclinación por el arte. Inquieta y rebelde, se sentía atrapada por las expectativas familiares. En 1961 decidió huir de casa. A partir de ese momento, sus padres dejaron de mantenerla económicamente, lo que la llevó a renunciar a la comodidad de su vida burguesa. Para sobrevivir, trabajó como profesora de italiano y como instructora de esquí. Unos años más tarde se estableció en Barcelona, donde dio sus primeros pasos en el modelaje, y conoció a figuras destacadas del arte, como Salvador Dalí y el escultor Xavier Corberó. En Barcelona también se sumergió en el movimiento intelectual y artístico de izquierda, conocido como el Gauche Divine, que se oponía a la dictadura franquista.
Cortesía Getty Images
En febrero de 1968 se trasladó a Nueva York, la ciudad que nunca duerme, para continuar su carrera de modelaje. Se unió a la agencia Wilhelmina Models. “Llegué con un ojo morado”, confesó alguna vez, refiriéndose a la violencia que sufrió de parte de un amante que intentó detener su partida. Instalándose en el hotel Franconia en la calle 72, llegó prácticamente sin dinero en el bolsillo. El ambiente era competitivo: las modelos favoritas eran rubias de ojos claros, mientras que Peretti, en sus propias palabras, era «muy alta, muy morena, muy delgada… era muy-muy en todo». A pesar de los retos, se convirtió en la musa de grandes figuras de la época, incluido el diseñador Roy Halston, con quien forjaría una profunda y duradera amistad. Sin embargo, Peretti nunca disfrutó del modelaje, considerándolo antinatural: «No es normal que una mujer tenga que verse guapa todo el tiempo», dijo alguna vez… CONTINÚA LEYENDO EN ISSUE #60
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