Hay colores que acompañan una temporada y otros que parecen convertirse en su centro de atención. En 2026, el turquesa ocupa precisamente ese lugar. Ubicado entre las tonalidades del azul y el verde, ha vuelto a instalarse en pasarelas, accesorios y propuestas completas como una de las formas más directas de llevar el verano al clóset. Su protagonismo, sin embargo, no responde únicamente a su carácter llamativo, sino también a su capacidad para transmitir frescura, luminosidad y una conexión inmediata con el mar, las vacaciones y esa sensación de libertad que define buena parte de la estética estival.
De esta forma, distintas casas de moda lo han identificado como uno de los colores protagonistas de la temporada, precisamente por su capacidad para transformar una propuesta sencilla sin necesidad de caer en el exceso. Vestidos, conjuntos de lino, bolsos y accesorios incorporan esta tonalidad como un acento distintivo capaz de modificar por completo la apariencia de una propuesta. A esto se suma su versatilidad, que permite llevarlo tanto en ocasiones casuales como en alternativas más sofisticadas, demostrando que un color puede adaptarse a distintos contextos dependiendo de cómo se incorpore.
Por eso, Jacquemus, en su desfile Le Bonheur, ha convertido esta tonalidad en una nueva declaración de estilo. La maison incorporó el turquesa en prendas, accesorios y estilismos completos, utilizando el color como una extensión de su estética fresca, mediterránea y, sobre todo, luminosa. La conexión resulta natural: el universo de Simon Porte Jacquemus siempre ha estado ligado al sur de Francia, a los paisajes abiertos, la luz intensa y una forma de entender la moda en la que el clima y el entorno adquieren tanta relevancia como las propias prendas. Bajo esta mirada, el turquesa no aparece como una elección aleatoria dentro de la colección, sino como una extensión visual del verano mediterráneo, pensada para construir una identidad estival reconocible.
Cortesía marca


Sin embargo, esto no es lo único que destaca en la propuesta de la firma. Lo interesante es que Jacquemus no utiliza el color únicamente para llamar la atención, sino para convertirlo en el verdadero protagonista. Cuando una silueta completa destaca por su tonalidad turquesa, el resultado deja de hablar únicamente de verano y comienza a construir una identidad visual concentrada en una sola propuesta. Se trata de una apuesta por captar la atención de manera estratégica, pero también de una señal sobre el rumbo que están tomando las tendencias actuales.
Después de varias temporadas dominadas por tonos neutros, beige, negro y distintas expresiones vinculadas al quiet luxury, la moda parece recuperar el interés por el color, la experimentación y la posibilidad de romper con los códigos establecidos. El resultado es una estética con mayor energía, que no necesariamente renuncia a la sofisticación, sino que encuentra nuevas formas de expresarla.
Sin duda, Jacquemus demuestra que el verdadero valor de una tendencia cromática aparece cuando una firma consigue hacerla parte de su propia identidad. El turquesa existe desde hace décadas, pero adquiere una nueva dimensión cuando la creatividad consigue asociarlo con relajación, optimismo y ese imaginario mediterráneo que define buena parte de la temporada. Quizás por eso resulta imposible ignorarlo: no necesita exagerar para destacar, solo encontrar la forma correcta de reflejar la luz de un verano que vuelve a vestirse de color.
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