EL LADO COUTURE: IRIS VAN HERPEN, SCHIAPARELLI Y RAHUL MISHRA
POR MARÍA JESÚS SIELFELD - julio 9th, 2025
En una industria cada vez más devorada por el algoritmo, hay algo profundamente conmovedor en ver cómo la alta costura sigue apostando por la emoción, la historia y la belleza radical. La Semana de la Alta Costura Otoño-Invierno 2025/2026 en París fue una vitrina de técnica desbordante y también un acto de resistencia: diseñadores que no temen a la complejidad ni al exceso, y que aún creen que el vestir puede ser un vehículo para decir algo importante. Iris van Herpen, Schiaparelli y Rahul Mishra ofrecieron tres visiones distintas (cósmica, histórica y espiritual) que, juntas, demostraron que la moda sigue siendo un lenguaje profundamente humano.
Iris van Herpen volvió a las pasarelas tras un año sabático con “Sympoiesis”, una colección que se sintió como una inmersión en un ecosistema paralelo. En un espectáculo donde la tecnología se fusionó con la naturaleza, abrió con un vestido “vivo”, confeccionado con más de 100 millones de algas bioluminiscentes. Las modelos flotaban como criaturas submarinas dentro de una instalación láser, con diseños que incluían mallas metálicas inspiradas en corales, alas translúcidas y estructuras que evocaban olas en suspensión. Pero más allá del futurismo, Van Herpen insistió en la necesidad de conciencia: “No intento imitar la naturaleza, sino crear relaciones más profundas con ella”, dijo. Fue un desfile hipnótico, poético y casi como un ritual.
Daniel Roseberry, al frente de Schiaparelli, tomó otro camino igualmente poderoso. En el salón dorado de la casa, presentó “Regreso al Futuro”, una oda al París de entreguerras y a la época en que Elsa Schiaparelli desafiaba el mundo con surrealismo. La colección comenzó y terminó con reinterpretaciones de sus piezas históricas, como la capa Apollo, esta vez al revés y cubierta de pedrería. Entre trajes de tweed, chaquetas toreras y vestidos invertidos que mostraban corazones latiendo en la espalda, Roseberry reconstruyó el imaginario de una ciudad al borde del colapso. “Es demasiado fácil idealizar el pasado. Esta colección es una invitación a mirar atrás solo si podemos extraer algo que nos impulse hacia adelante”, escribió. Y así lo hizo, con una narrativa íntima, técnica exquisita y mucha valentía creativa.
Cortesía Rahul Mishra
Por su parte, Rahul Mishra convirtió la pasarela en un viaje místico a través de las siete etapas del amor, según el sufismo, en su colección titulada “Becoming Love”. Desde una armadura dorada en forma de corazón hasta un vestido de flores flotantes que parecía pintado por Gustav Klimt, cada look encarnaba una emoción: atracción, entrega, obsesión y hasta muerte. Celebrado en una catedral parisina, el desfile tuvo momentos de espectacularidad (Cardi B incluida) y otros de introspección. Mishra, como siempre, tejió símbolos, espiritualidad y bordados meticulosos en una experiencia que va más allá de la estética: “El amor trasciende la existencia”, dijo, y sus prendas lo susurraban en cada puntada.
Este trío de diseñadores recordó que la alta costura no está hecha solo para vestir, sino para conmover. En tiempos donde la prisa lo consume todo, estas colecciones propusieron detenerse, mirar con atención y volver a imaginar lo que la moda puede ser: un arte que respira, que piensa y que, por suerte, aún se atreve a soñar. No hubo concesiones a lo comercial ni al algoritmo: lo que vimos fue una celebración del oficio, de la técnica que desafía la lógica y del poder de las ideas cuando se materializan con sensibilidad. Van Herpen, Roseberry y Mishra no compitieron entre sí, sino que construyeron un relato que defendió el valor de lo hecho a mano, lo conceptual y lo simbólico.
Cortesía Iris van Herpen y Schiaparelli
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