Ya llevamos un par de años con el boom del skincare. Cremas y sérums por doquier, miles de rutinas explicativas en redes sociales, consejos de influencers y publicaciones en Instagram y TikTok han convertido el cuidado de la piel en toda una tendencia. Inspiradas en la belleza coreana, estas rutinas comenzaron a sumar tónicos, esencias, mascarillas y distintos ingredientes, dando paso a líneas completas para todo tipo de piel e, incluso, para niñas. Es desde este escenario que nace la interrogante: ¿es cuidado o exceso? ¿Es realmente necesario utilizar hasta 12 productos distintos para lograr la deseada piel de porcelana? Y, más importante aún, ¿es bueno para la salud?
La respuesta es sí y no. Evidentemente, preocuparse por el cuidado de la piel siempre será positivo, sobre todo cuando se trata de básicos como el protector solar y una crema hidratante adecuada para cada necesidad. Sin embargo, sin la orientación de un dermatólogo, es fácil caer en tendencias y cometer más errores que aciertos. Muchos especialistas advierten sobre el riesgo de irritaciones, alergias, dermatitis, brotes de acné o rosácea al utilizar fórmulas no certificadas o que no son adecuadas para cada persona. El problema aumenta cuando se combinan demasiados productos o activos potentes, como retinol, ácidos exfoliantes o vitamina C. Porque, al contrario de lo que muchos creen, más no siempre es mejor.
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Es por esto que tendencias como el skinimalism han ganado fuerza en los últimos años. Bajo la idea de que menos es más, promueve rutinas simples basadas en limpieza, hidratación, un tratamiento según las necesidades de cada piel y protector solar. Esta filosofía se acerca a la forma en que tradicionalmente entienden el cuidado facial en Japón, donde se prioriza la constancia y la prevención por sobre la búsqueda de resultados rápidos. La idea es privilegiar productos bien formulados y adecuados para cada persona, en lugar de acumular pasos que no siempre aportan beneficios.
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