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Woman

CLÍMAX EN ALTA COSTURA: EL PODEROSO DEBUT DE GLENN MARTENS EN MAISON MARGIELA

Por María Jesús Sielfeld - julio 11th, 2025

Un sótano industrial en el distrito 19 de París fue el escenario donde Glenn Martens eligió plantar su bandera. No había pompa ni brillos exagerados. Había tensión, crudeza y un aura teatral que convertía cada prenda en un manifiesto. Así fue el debut del diseñador belga al frente de Maison Margiela con la colección Artisanal 2025: una experiencia oscura, sensorial y desconcertante. Y lo fue con intención. Porque en una semana de Alta Costura que ya se perfilaba como una de las más memorables de los últimos años, Martens logró lo impensado: entregó el «wow moment» que todos estábamos esperando.

Inspirado en su infancia en la ciudad gótica de Brujas, en la arquitectura medieval de Flandes y en los bodegones del siglo XVII, Martens levantó un universo donde la belleza emergía de la decadencia. Vestidos que parecían excavados del pasado, máscaras metálicas que evocaban restos de un naufragio, plásticos fantasmas, bisutería reciclada y texturas que pedían por una segunda vida. Todo bajo una estética que no temía ensuciarse las manos. Literalmente. Lo artesanal se entendió aquí como un acto de reconstrucción emocional que dialoga con el ADN fundacional de la marca.

Pero ¿fue suficiente? ¿Estuvo a la altura del linaje que hereda? No es fácil continuar el legado de Martin Margiela, ni menos suceder a John Galliano. Martens lo sabe. Y aun así, se atrevió a mirar hacia atrás sin caer en el homenaje vacío. Rescató elementos esenciales del imaginario Margiela, las máscaras, la deconstrucción, los materiales reciclados, y los mezcló con una visión escénica propia, con toques flamencos, góticos y posapocalípticos. Hay quienes podrían encontrar exceso o desorden. Pero, si algo nos enseñó Margiela, es que lo disonante también puede ser verdad.

Cortesía Maison Margiela 

Lo que Martens hizo no fue simplemente “cumplir”. Fue declarar una nueva era. Una en la que Margiela sigue siendo irreverente, provocadora y emocionalmente intensa. Su visión es más oscura, menos irónica que la de sus antecesores, pero igual de comprometida con lo que siempre ha definido a la casa: la voluntad de incomodar. Y eso, en una industria que a veces tiende a la complacencia, es un acto necesario.

Por ahora, el futuro de Martens en Margiela parece promisorio. Su primer paso fue firme, arriesgado y con una sensibilidad belga que no se diluye en artificios. Le dio una nueva narrativa a una firma que vive del riesgo y lo hizo desde la emoción, el detalle y la artesanía. Si este fue solo el comienzo, no queda más que esperar qué otras capas de la identidad Margiela está dispuesto a revelar. Porque el alma de la casa no solo volvió a casa. Volvió con fuerza, con ruido y con una estética que desafía la belleza convencional. Martens no se conforma con repetir fórmulas ni con vivir a la sombra de los grandes nombres que lo precedieron. Vino a escribir su propio capítulo, uno que huele a tierra húmeda, a encaje gastado, a historia reciclada. Uno que, por ahora, nos deja expectantes, inquietos y con los ojos bien abiertos.

Cortesía Maison Margiela 

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