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CARTA A BENJAMÍN: CONTEMPLANDO LA MEMORIA

- agosto 18th, 2025

Dibujante, pintor, coleccionista y escultor, Benjamín Lira tiene una voz absoluta en cada una de sus obras. Identificarlas es viable para quien sabe que es el ser humano el gran eje argumental de sus piezas y la referencia que lo delata envuelta en el protagonismo del color y de las múltiples materialidades que han caracterizado la totalidad de su producción artística. Un artesano que se entrega a diario a las sorpresas que el destino del viaje creativo le brinda.

POR PÍA SCHLEEDE

La personalidad e identidad representativa de la obra de Benjamín Lira delata a un artista apegado a su oficio y que ha sostenido, durante toda su vida, una práctica creativa de impronta manual, con un sello identificable y muy propio. De carácter multidisciplinario, más allá de sus pinturas y escultóricas cabezas, desde su niñez el artista ha practicado también la técnica del collage, las construcciones de soportes y el ensamblaje de objetos. Ahí la obra emerge como un hallazgo del afortunado encuentro entre distintos elementos. “Yo nunca me convertí en artista, más bien fue un interés o un don acoplado a mi ADN. De niño creo que fui un poco disléxico, me salía natural jugar y expresarme creativamente, dibujando y pintando o armando e imaginando objetos en plasticina o arcilla para suplantar mis dificultades de aprendizaje. Desde muy chico me interesó el arte y siempre visitaba exposiciones en las galerías del centro de Santiago, centros culturales y las galerías de la Universidad de Chile”.

Benjamín Lira Valdés nació en Santiago el 14 de enero de 1950. Su formación artística comenzó cuando tenía 11 años y asistía a clases con Nemesio Antúnez y Dinora Doudtchitzky. Desde ahí su inquietud por la pintura y sus técnicas se profundizaron en el taller de Ernesto Barreda, posteriormente en las clases de dibujo con Carmen Silva, de pintura con Rodolfo Opazo y de acuarela con Mario Toral. Ya en 1969 ingresó a estudiar Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, carrera que abandonó después de un año para dedicarse al arte. Desde 1970 a 1973 viajó por Europa, donde ingresó a la Academia de San Fernando, en Madrid. Además, asistió a cursos en la Byam Shaw School of Art de Londres. Pero todo esto partió mucho antes, como el mismo contó: “La casa de mi abuelo materno estaba frente al Museo Nacional de Bellas Artes. Era una casa neocolonial con una biblioteca, piezas de guardar llenas de tesoros y cachureos. Algo que me marcó definitivamente fue cuando mi abuelo me llevó a su biblioteca con anaqueles llenos de libros y fotografías antiguas y me enseñó un libro en alemán con ilustraciones hechas por Hans Christian Andersen. Me explicó cómo el escritor realizaba esta mezcla de figuras recortadas y las pegaba armando composiciones. Después fuimos a una de las piezas de guardar y me regaló un lote de viejas revistas españolas, con fotos en blanco y negro, para que jugáramos al pegoteo, sin ninguna restricción… Fue este espacio lúdico de recortar y pegotear estampas, que un tiempo después supe que se llamaba collage, el que me abrió una ventana para mi creación infantil y el cual, hasta hoy, he cultivado como forma de articular mi proceso creativo”.

Con más de seis décadas de carrera, la distintiva obra de Lira resulta de algo que va más allá del estudio de las diversas disciplinas que cultiva, porque la literatura, la poesía, la música y el arte contemporáneo son también parte de la constante que nutre su obra y la real fragmentación que une todo. “La evolución de mi trabajo creativo está entrelazada con la vida y la memoria. Es un apasionante proceso de búsqueda del núcleo de tu visión como persona. Cada obra que termino, de alguna manera, me hace sentido y llena un espacio de mi arquitectura interior. Y eso es lo que me lleva a continuar con esta aventura de búsqueda y pretexto para conocer y sorprenderme de la vitalidad de la creación”.

Fotografías gentileza de Benjamín Lira y @tomastom__

Para el artista, sus obras germinan con diferente naturaleza, algunas tienen que ver con el momento actual, otras con la historia. “Al proceso creativo le doy tiempo, me gusta pensar en posibles cambios, me gusta ir decantando, porque así se va enriqueciendo la obra. Siempre hay un primer impulso y lo vas refinando, borrando y comenzando de nuevo, pero todo ese proceso va elevando la figura final, se va volviendo cada vez más compleja, algunas obras las tengo meses o años y no ven la luz. A su vez, voy trabajando muchas obras al mismo tiempo, incluso reutilizando piezas anteriores. He tenido momentos de cambios de percepción del color y he desechado muchos trabajos porque no quedo conforme con su lenguaje”. Parece ser que el fragüe de diferentes ideas es un asunto cambiante, pero donde hay patrones y rituales que se repiten. En las murallas de su taller tiene 20 o más cuadros en constante proceso, él asegura que una obra arrastra a la otra, principalmente óleos sobre tela, acrílicos, lápices y acuarelas sobre papel, además de las esculturas, ensamblajes y collages, por supuesto… SIGUE LEYENDO EN ISSUE #65

Fotografías gentileza de Benjamín Lira y @tomastom__

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