La colección Motel California de Ba&sh nace desde una idea clara, la libertad de ser quien eres, sin negociar demasiado con el entorno. Hay algo de impulso personal en esta propuesta, una intención de moverse con seguridad, de ocupar espacio sin pedir permiso. La feminidad acá no es decorativa ni complaciente; es más bien una actitud que se construye en el camino, con cierta audacia, pero sin necesidad de exagerar el gesto.
Desde ese punto, la colección se apoya en códigos reconocibles, pero los usa con distancia. El imaginario western aparece en blusas bordadas, jeans acampanados y botas cowboy, aunque nunca se siente literal. Son piezas que funcionan porque están bien medidas, no porque intenten imponerse. Los bolsos con flecos y las joyas en capas entran en esa misma lógica: acompañan el movimiento, suman textura, pero no roban protagonismo.
Cortesía Ba&sh


Hay también una construcción de atmósfera bastante precisa. El desierto californiano, un motel antiguo detenido en el tiempo, la luz cálida cayendo al final del día. No es solo un telón de fondo, es una forma de situar la colección en un espacio donde todo parece más lento, pero también más decidido. Esa mezcla entre quietud y desplazamiento termina dándole coherencia a las prendas.
Lo interesante es que nada se siente completamente cerrado. No hay looks rígidos ni combinaciones obligatorias. Más bien, se percibe una invitación a armar, desarmar y volver a elegir. La ropa está pensada para acompañar ese proceso y no para definirlo. En ese sentido, la colección funciona más como un punto de partida que como un resultado final.
Al final, Motel California no intenta instalar una imagen única de mujer, sino dejar margen a la libertad. Y sí, hay carácter, hay intención, pero también espacio para la interpretación. Y en esa tensión —entre lo definido y lo abierto— es donde la propuesta encuentra su fuerza, sin necesidad de subrayarlo demasiado.
Cortesía Ba&sh


