Si eres amante de la moda, seguramente has escuchado hablar del layering. Una técnica bastante simple que, bien ejecutada, puede convertir un look básico en el protagonista absoluto de todas las miradas. Se trata del arte de superponer distintas capas para jugar con contrastes, proporciones, texturas y colores. Y ahí está justamente su gracia: las posibilidades son infinitas. Se puede hacer layering con tops, chaquetas y abrigos, pero también con pantalones, faldas, vestidos e incluso accesorios. Aunque lleva décadas presente en la moda, durante los últimos años ha vuelto a estar en tendencia hasta convertirse en una fórmula adoptada por grandes marcas, el street style e incluso el retail.
Pero una cosa es verlo en pasarela o Pinterest y otra bastante distinta es intentarlo frente al espejo. Porque existe una delgada línea entre un layering perfectamente pensado y simplemente parecer que te pusiste medio clóset encima. ¿El secreto? Más que sumar prendas porque sí, hay que entender cómo combinarlas. Y para eso, existen algunas fórmulas que hacen el proceso bastante más fácil.
Deja que las capas se vean
Si vas a superponer prendas, que se note. Un cuello por encima de un sweater, las mangas de una camisa debajo un blazer o una polera que sobresale de la chaqueta pueden ser suficientes. Aquí los largos hacen gran parte del trabajo: mezcla prendas crop con otras más extensas y evita que todas terminen a la misma altura. Es esa diferencia la que permite distinguir las capas y hace que el resultado se vea intencional.
Parte por lo más simple
No es necesario comenzar con cinco capas distintas. Una camisa de encaje debajo de un chaleco, un cuello alto debajo una camisa abierta o un tank top y un sweater sin hombros son buenas ideas para partir. También importa el orden: deja las piezas más delgadas y ajustadas cerca del cuerpo y aumenta el grosor hacia el exterior. Así evitas acumular volumen innecesario y puedes moverte sin sentir que llevas diez kilos de ropa encima.
Cortesía Getty Images


Deja que las capas se vean
Si vas a superponer prendas, que se note. Un cuello por encima de un sweater, las mangas de una camisa debajo un blazer o una polera que sobresale de la chaqueta pueden ser suficientes. Aquí los largos hacen gran parte del trabajo: mezcla prendas crop con otras más extensas y evita que todas terminen a la misma altura. Es esa diferencia la que permite distinguir las capas y hace que el resultado se vea intencional.
Atrévete a mezclar
Una vez dominada la fórmula básica, se vuelve más entretenido. Cuero con encaje, denim con tejidos, transparencias bajo prendas más pesadas o colores vivos pueden darle otra dimensión al look. También puedes llevar la superposición más allá de las partes de arriba: vestidos sobre pantalones, faldas sobre jeans, dos camisas o incluso dos chaquetas. Si la combinación ya tiene muchas prendas, mantén algún elemento en común, como una gama de colores, para ayudar a unir todo.
No te olvides de los accesorios
Las capas no terminan en la ropa. Pañuelos sobre sweaters, cinturones encima de blazers, collares de distintos largos o calcetines pueden producir el mismo efecto sin agregar otra prenda completa. Incluso un sweater sobre los hombros puede cambiar la proporción de un look básico. Es una alternativa especialmente útil si quieres llevar el layering a meses más cálidos, cuando sumar chaquetas, tejidos y abrigos deja de ser una opción.
Aprende cuándo parar
Esta puede ser la parte más difícil. El layering invita a sumar, pero eso no significa que mientras más, mejor. Si ya tienes distintos largos, texturas, colores y accesorios compitiendo por la atención, quizás esa última capa está de más. Antes de salir, mira el look completo: si quitar una prenda hace que todo se vea mejor, tienes la respuesta.
No existe una combinación perfecta ni una cantidad de capas correcta. Ahí está lo entretenido del layering: una misma prenda puede cambiar completamente dependiendo de qué pones debajo, encima o incluso alrededor. La próxima vez que sientas que no tienes nada que ponerte, quizás no necesites algo nuevo. Primero intenta usar lo que ya tienes de una manera distinta.
Cortesía Getty Images


