Jonathan Anderson vuelve a demostrar que su mayor herramienta es la capacidad de resignificar. Para su nueva entrega, presentada en Londres, estructuró un poderoso triángulo basado en el proceso, las personas y la artesanía. Bajo la mirada del fotógrafo finlandés Heikki Kaski, la campaña reúne a un elenco estético de amigos y colaboradores, como el coleccionista Ivor Braka, la ceramista Akiko Hirai o la actriz Dree Hemingway. Juntos establecen y crean un diálogo visual que conecta disciplinas como la literatura o la jardinería.
Esta mezcla de referencias crea una tensión estética que celebra la magia de lo imperfecto. La indumentaria se construye con vestidos drapeados, camisolas desestructuradas y piezas de jardín denim japonés diseñadas para simular reparaciones infinitas. La artesanía toma su parte con lana hilada en Donegal, jerseys decorados con botánica silvestre y motivos tradicionales escoceses. El balance perfecto entre funcionalidad y fantasía llega con el lúdico Squirrel Clutch, además de una línea de abrigos exclusivos creados en conjunto con la histórica firma Johnstons of Elgin.
Cortesía JW Anderson


En lo que sirve como una prueba de su visión expansiva, el universo de Anderson trasciende cualquier código de vestimenta para apoderarse de aquellos espacios habitables, borrando por completo la frontera entre la utilidad y el arte. Esta incursión en el interiorismo se materializa a través de pisos Mackintosh fabricados a mano y ropa de cama vintage que, tras ser tratada con pigmentos naturales, encuentra una nueva vida, ahora como cojín decorativo. La curaduría integral del sello cierra con una línea de tazas desarrolladas junto a Wedgwood, cuya silueta rinde un tributo directo a la antigua cerámica etrusca.
Cortesía JW Anderson


