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SUGGESTIONS… 20 AÑOS ANTES DEL SANTAL 33 

Mayo 15, 2026

Hace poco más de dos décadas, el mundo de la perfumería masculina y unisex estaba dominado por aromas mucho más previsibles. Las tiendas de departamentos estaban llenas de fragancias frescas, limpias y fáciles de reconocer, pensadas para gustarle a todo el mundo al mismo tiempo. En ese escenario apareció Le Labo, una firma creada en Nueva York que tomó distancia de esa lógica masiva. Sus fundadores apostaron por perfumes con una construcción más cruda, menos complaciente y con una estética casi artesanal, donde cada botella parecía hecha para una persona específica y no para millones.

Cuando nació Santal 33, en 2011, el panorama olfativo todavía no estaba saturado de aromas amaderados con notas de cuero y cardamomo como ocurre hoy. El perfume destacó por su mezcla seca, ahumada y levemente cremosa, inspirada en la imagen del oeste norteamericano y en la idea de libertad masculina reinterpretada desde una sensibilidad contemporánea. En sus primeros años, usarlo funcionaba casi como una señal silenciosa entre ciertos círculos creativos de Nueva York: fotógrafos, editores de moda, diseñadores y personas vinculadas al ambiente cultural de la ciudad comenzaron a adoptarlo antes de que se transformara en un fenómeno global.

Con el tiempo, el aroma dejó de ser un secreto compartido entre unos pocos. Hoteles, boutiques, oficinas creativas y bares comenzaron a impregnarse de la misma fragancia, convirtiendo a Santal 33 en una especie de uniforme involuntario de los años 2010. Más que un perfume, pasó a representar una estética determinada: alguien interesado en diseño, moda independiente, café de especialidad y objetos cuidadosamente seleccionados. Esa masificación terminó generando una contradicción para muchos de sus primeros seguidores, quienes sentían que el perfume había perdido parte de la intimidad que lo hacía especial.

El propio Fabrice Penot, cofundador de Le Labo, reconoció alguna vez que descubrir tu aroma favorito en todas partes puede sentirse como perder una parte de la identidad personal. Y eso fue precisamente lo que ocurrió con Santal 33. Lo que comenzó como una propuesta distinta dentro de una industria dominada por fórmulas seguras terminó convertido en uno de los símbolos culturales más reconocibles de una generación urbana y creativa.

Cortesía Le Labo

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