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Lifestyle, Opinión

YVES VS KARL, PARÍS 1971

Por Manuel Santelices - diciembre 26th, 2025

París, 1971

El universo de la alta costura parisina vivió un terremoto en 1971 y durante el resto de esa década, con dos titanes del diseño, Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld, en el epicentro de la acción. Y cuando decimos acción, nos referimos a controvertidas colecciones presentadas frente a escandalizados clientes y editores, a fabulosas fiestas y comidas en departamentos decorados por Jacques Grange o Mongiardino, a noches escalando montañas de cocaína y Mandrax en clubes de dudosa reputación en la Rue St. Anne, y a intrigas y alborotos que no estarían fuera de lugar en una novela de Choderlos de Laclos.

Aunque unidos por su genio y reputación, Saint Laurent y Lagerfeld no podrían haber sido más distintos. Emocionalmente frágil, Saint Laurent lidió toda su vida con adicciones, inseguridades y arrebatos. Protegido por su pareja en la vida y en los negocios, el sombrío Pierre Bergé, y un círculo de íntimos amigos liderados por sus musas, Betty Catroux y LouLou de la Falaise, el diseñador exigía absoluta devoción. Cuando hacía su aparición en clubes como Le Sept o Le Palace, capturaba de inmediato toda la atención, pero sus acompañantes creaban de inmediato una sutil pero evidente barrera entre él y el resto de los presentes.

En su libro “The Beautiful Fall: Fashion, Genius and Glorious excess in 1970s Paris”, la escritora y editora de modas Alicia Drake lo describe como un hombre con un apetito voraz por romance y agresión. Su capacidad de seducción era increíble, recuerda Betty Catroux en el libro, y saludaba coquetamente a hombres y mujeres, pero especialmente a las mujeres, con halagadores susurros-“Comme tu es jolie ce soir”, “A, que belle robe”-, usando su voz y su acento como una irresistible caricia que desataba una inmediata intimidad. Por otro lado, jugaba al favoritismo, desviando su atención de un amigo a otro, de una modelo a otra, de un amante a otro, y sin una sombra de lealtad que fuera más allá de la que dictaba su propio interés. Lagerfeld, en cambio, se mostró siempre como un vampiro solitario, un término que no fue ocurrencia nuestra, sino suya, para describir su propia necesidad de devorar cualquier elemento cultural, libro o persona que cautivara su órgano más activo: su cerebro… Si Saint Laurent era pura pasión, Lagerfeld era pura razón.

Ambos eran totalmente abiertos sobre su homosexualidad, algo que predecesores como Christian Dior o Cristóbal Balenciaga no hubieran hecho jamás, y su actitud franca y directa afectó con o sin intención al mundo de la moda, haciéndolo también más abierto y democrático. De pronto, las colecciones fueron presentadas frente a una primera fila repleta de artistas, intelectuales, provocadores y celebridades, de Andy Warhol a Amanda Lear o Paloma Picasso.

El ilustrador Antonio López, cercano a los dos diseñadores, tuvo gran influencia en ambos, expresando a través de sus dibujos la visión de Saint Laurent, inspirando con la fuerza y libertad de su trazo a Lagerfeld, y sumergiendo a los dos en un mundo de nuevas musas que incluyó a modelos como Jerry Hall, Pat Cleveland y, antes de iniciar sus posteriores carreras, la cantante Grace Jones y la actriz Jessica Lange. “Yves era homosexual”, escribe Drake en su libro, “y aun así, como decía él mismo, ‘deseo acostarme con cualquiera que me guste’. Era posible sentir ese deseo en él. Tenía una sensualidad imparable que creaba una posibilidad erótica cada vez que dirigía sus ojos hacia ti. Podías sentir su imaginación desatada; te sentías desnuda”.

En 1971, la sensación de cambio en París era clara y profunda. La renuncia de Charles de Gaulle en 1969 puso fin a una presidencia que se venía arrastrando desde el fin de la ocupación. El cine ya no era el mismo, en gran parte gracias a la contribución de la Nouvelle Vague de Godard y Truffaut. Y en moda, el fin de la era de los grandes couturiers quedó sellada con el cierre de la casa Balenciaga y la conclusión a la que había llegado el diseñador de que “no queda nadie en París a quien vestir”. Por “nadie”, claro, se refería a las vetustas aristócratas, estrellas y grande dames que durante largo tiempo formaron su ejército de clientas. Un nuevo día comenzaba en la ciudad, y Saint Laurent y Lagerfeld estaban listos para disfrutarlo…

Saint Laurent, que con apenas 21 años se hizo cargo de la dirección de Dior luego de la muerte de Christian Dior, tenía una definitiva ventaja. Con el apoyo de Bergé, fundó su propia casa en 1962 y, pocos años después, creó su línea de prêt-a-porter, “Rive Gauche”. A comienzos de la década de los 70 ya era considerado el rey indiscutido de la moda francesa y el revolucionario creador de “le smoking” y “la saharienne”. Lagerfeld, seis años mayor, había para entonces desarrollado su carrera en firmas más pequeñas y oscuras, y no sentía todavía el brillo que años más tarde le acarrearían Chloé, primero, y luego Chanel. Su rivalidad era desequilibrada, pero obvia, y se intensificó aún más cuando, en 1972, un joven noble francés llamado Jacques de Bascher de Beaumarchais hizo su aparición en la pista de baile de Le Sept.

Fue ahí, en medio de humo embriagador de la discotheque, que De Bascher conoció a Lagerfeld. Apenas dos semanas después lo acompañó a Saint Tropez, donde ambos compartieron una casa en la playa con Antonio López y su novio, Juan López; la modelo Pat Cleveland, el artista Paul Caranicas y el notorio modelo masculino y make up artist Corey Grant Tippin. También estaba incluida la madre de Lagerfeld, Elizabeth. “En cuestión de horas, Jacques ya estaba decidiendo las actividades del día”, escribe Alice Drake. “Era Jacques el que manejaba la lancha, el que decidía a qué restaurante ir cada noche, a quién retrataría Karl junto a la piscina… Se convirtió en el centro de atención”. Criado a las afueras de París en colegios privados y en medio de una familia privilegiada, el recién llegado no se vestía ni actuaba como el resto de los amigos de Lagerfeld. “No entendía nuestras bromas”, se quejó Grant Tippin. Sin embargo, su cierta ingenuidad y la severidad de sus modales impresionaron a Lagerfeld, que cayó irremediablemente enamorado de él… CONTINÚA LEYENDO EN ISSUE #70 

Ilustración Manuel Santelices 

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