NOVENTAS MINIMAL
POR MANUEL SANTELICES - noviembre 4th, 2025
Hubo un momento, a mediados de los 90, cuando un nuevo estilo se impuso en Nueva York. Los 80 habían sido la década del exceso, del rojo Reagan-Valentino, de penthouses diseñados por Renzo Mongiardino y Mario Buatta, de faldas abombadas de Lacroix y de una desmedida, y a veces violenta, ambición perfectamente encarnada por Donald Trump y Patrick Bateman, protagonista de la novela “Psicópata Americano”. La década que siguió fue una reacción a tanto derroche visual y moral, una ola minimalista que cubrió a toda la ciudad, pero que tuvo su zona cero en la esquina de Madison Avenue y la calle 60. Ahí, en septiembre de 1993, abrió sus puertas Barneys New York, la legendaria tienda por departamentos que durante décadas revolucionó la experiencia del retail, redefinió la alta gama urbana y puso en el mapa a generaciones de creadores europeos, incluyendo a Giorgio Armani y Azzedine Alaïa.
En la fiesta inaugural, Bianca Jagger, Joan Rivers, Barbara Walters, Lorraine Bracco, Bobby Short, Peter Gabriel y Barry Diller, entre otros, pudieron admirar el gigantesco y magnífico espacio diseñado por Peter Marino, con muros en piedra caliza francesa, arte contemporáneo original y, en la sección de joyería, un enorme acuario repleto de peces exóticos. El cóctel apenas comenzaba cuando Isabel Toledo ya había vendido un suéter, la primera venta de la noche. Barneys fue una catedral de minimalismo. En vitrinas y colgadores, el color predominante era el negro, favorito de la clientela creativa e intelectual de la tienda y también de los vendedores, que a menudo parecían sacados de un casting de moda. Jil Sander, Narciso Rodríguez, Ann Demeulemeester y Helmut Lang fueron las estrellas minimalistas de la época. Martin Margiela presentó en Barneys vestidos tan simples que no iban mucho más allá de tela cortada a tijeretazos, sin costuras, y estampadas como serigrafías. Donna Karan creó colecciones completas centradas alrededor de un bodysuit negro. En 1994, Calvin Klein, todavía a cargo de su imperio, lanzó una colección de primavera/verano que hasta hoy sigue siendo considerada como un momento esencial del minimalismo de los 90. Kate Moss, epítome del look de la época, apareció en la pasarela en un slip dress negro y largo sobre un tank top blanco, la cara limpia, el pelo tomado y zapatones negros con calcetines cortos.
Dos años después, en el otoño de 1996, Calvin Klein abrió su primera boutique a solo una puerta de distancia de Barneys. Diseñada por John Pawson, un arquitecto británico ampliamente considerado como el gran maestro del minimalismo, la tienda fue pensada como una prístina galería, donde cada prenda y objeto fue expuesto como arte. Los tonos predominantes eran beige, gris y “greige”, colores que se extendían de la ropa a platos de cerámica, sábanas, jarrones o cubiertos. El mundo de Calvin Klein era sereno y sensual, de una elegancia completamente distanciada de la estridencia. Para encontrar una musa que encarnara su estilo, el diseñador no tuvo que buscar muy lejos. La encargada de publicidad y “relaciones especiales’ -es decir, relaciones con celebridades- de la tienda era Carolyn Bessette, que desde 1994 había saltado a la fama como novia de John F. Kennedy Jr. y que había impresionado al diseñador y a los editores de moda por su apariencia personal y su perfecto clóset. La pareja murió en 1999 en un accidente aéreo cuando viajaban rumbo a Martha’s Vineyard. Carolyn era constantemente fotografiada en las calles de TriBeCa, donde compartía un loft con Kennedy (ahora le pertenece a Christy Turlington)… CONTINÚA LEYENDO EN ISSUE MAG #69
Ilustraciones cortesía Manuel Santelices
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