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Woman

FASHION ICON: LECCIONES DE DIANE KEATON

Por María Jesús Sielfeld - octubre 15th, 2025

Algunos se visten para llamar la atención; Diane Keaton lo hacía para expresarse. Cada blazer, cada sombrero y cada pañuelo tenía algo que decir sobre ella: su ironía, su independencia, su manera de romper las reglas sin hacer un escándalo. Hizo de la ropa un lenguaje propio. Hace unos días, el mundo despidió a una actriz que claramente dejó una huella en el cine con películas como Annie Hall o El Club de las Primeras Esposas, pero que también cambió la forma en que entendemos el estilo. Su vestuario hablaba de autenticidad y de libertad, mucho antes de que las redes volvieran la moda un acto de identidad.

Su silueta más recordada podría resumirse en una imagen: blazer y pantalones anchos. Pero la intención de Keaton definitivamente no era imitar el clóset masculino, sino reinterpretarlo. Convirtió los trajes en una manifestación de feminidad alternativa y demostró que la elegancia no dependía de un vestido de gala, estar maquillada o utilizar tacones altísimos, más que de la actitud con que se llevaban. De hecho, cuando subió a recibir su Óscar, uno podría pensar que iría con un vestido voluminoso o entallado (muy de “mujer”). Sin embargo, fue vestida con un traje gris de Armani y un clavel rosa en la solapa.

Cortesía Getty Images

En una época en que las estrellas dependían de estilistas y casas de moda, la protagonista de Something’s Gotta Give siguió otro camino. Elegía sus outfits, mezclaba piezas de diseñador con hallazgos vintage y construía un personaje coherente: una mujer segura de sí misma que encontraba placer en vestirse. Su clóset se convirtió en un laboratorio de diseño, poblado de sombreros tipo bombines, cinturones gruesos, faldas sobre pantalones, chalecos, guantes y broches de flores… Una mezcla de cosas que anticipó la llegada de personajes excéntricos como Carrie Bradshaw.

Con los años su estilo cambió, pero nunca su esencia. Pasó de los conjuntos de tweed a los diseños experimentales de Comme des Garçons. Incluso en redes, sus fotos en blanco y negro mostraban que la moda seguía siendo para ella un pasatiempo íntimo o una forma de seguir jugando. Diane Keaton nos recordó que vestirse no es disfrazarse, sino dialogar tanto con uno mismo como con la gente que te ve. Que un traje en una mujer puede tener tanto poder como un vestido, y que la autenticidad siempre será el mejor accesorio. En su honor, solo queda repetir su frase más icónica, con una sonrisa: “La-dee-da, Diane. La-dee-da.”

Cortesía Getty Images

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