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History

ECOS DE BELLEZA: HISTORIA DEL MAQUILLAJE

Por María Jesús Sielfeld - octubre 14th, 2025

El comienzo del color: Prehistoria y Egipto
Antes de que existieran los espejos, las mujeres ya se maquillaban. En la Prehistoria, mezclaban arcilla, grasa animal y tierra roja para cubrir su piel, quizás para rituales o simplemente para sentirse distintas. Pero fue en el Antiguo Egipto donde el maquillaje se convirtió en arte y símbolo de estatus. Hombres y mujeres delineaban sus ojos con kohl negro o verde, se pintaban los labios con tonos terracota y se untaban aceites perfumados para protegerse del sol. Cleopatra, la primera gran “influencer” de la belleza, ya tenía su propio manual de cosmética y recetas naturales. Su mirada felina marcó tendencia hace más de dos mil años.

Ecos del mármol: Grecia y Roma
En la Grecia clásica, la belleza era armonía. Las mujeres usaban polvos blancos para aclarar la piel y un toque de rubor hecho con flores o vino. Los romanos adoptaron esas costumbres y añadieron sus propias fórmulas: aceite de oliva, cera de abejas y agua de rosas para hidratar la piel, hollín para sombrear los párpados y tintes naturales para el pelo. Aunque los materiales podían ser tóxicos, la obsesión por lucir una piel pálida (símbolo de refinamiento) fue irresistible.

Peligros y porcelana: Edad Media y Barroco
Durante la Edad Media, el maquillaje fue mal visto, se consideraba vanidad. Sin embargo, las mujeres no renunciaron del todo al color. Con vino y cera de abejas preparaban bálsamos para los labios, y en el Renacimiento la piel blanca volvió a ser sinónimo de nobleza. En los siglos XVII y XVIII, los rostros se transformaron en lienzos: polvos de arroz, mejillas encendidas, lunares pintados y labios en forma de corazón. El exceso era el nuevo lenguaje de poder. Las cortes europeas olían a perfume y se empolvaban con tal en entusiasmo que se generaba una gran nube blanca a la hora de hacerlo.

Cortesía Getty Images

Del cine al espejo: Primera mitad del siglo XX
Con el siglo XX, el maquillaje se democratizó. Helena Rubinstein y Elizabeth Arden abrieron los primeros salones de belleza y empresas de cosméticos, convenciendo a las mujeres de cuidar su piel. En los años 20, el blush intenso y los ojos ahumados simbolizaban rebeldía; en los 30, la elegancia se volvía más medida, con cejas finas y rostros de porcelana inspirados en el cine dorado. Los 40 trajeron labiales rojos como emblema de fortaleza en tiempos de guerra, y en los 50, Marilyn Monroe y Audrey Hepburn elevaron el glamour a su máxima expresión: piel luminosa, pestañas largas y labios perfectamente delineados. Esta era la era del orden, del ideal de belleza impecable.

Color y libertad: Segunda mitad del siglo XX
Pero a partir de los 60, todo cambió. Twiggy inauguró la mirada pop con pestañas postizas y delineados gráficos. Los 70 celebraron lo natural con bronceadores y tonos tierra, mientras el maquillaje se volvía un acto de libertad. En los 80, el color explotó en neones, brillos y exceso, y los 90 respondieron con el minimalismo: labios marrones, piel bronceada y mucho gloss. Cada década fue un reflejo de su espíritu que se vivía en la sociedad y el maquillaje se transformó en una forma de expresión.

Filtros y piel real: Siglo XXI
El nuevo milenio trajo las bases minerales, las sombras metálicas y la era digital. En los 2010, las Kardashian impusieron el contouring, las cejas definidas y el maquillaje de alta cobertura. Pero el 2020 cambió las reglas: la piel natural, los labios con brillo y el cuidado facial ganaron protagonismo. Hoy, las tendencias van de lo artístico al “no makeup look”, y los referentes ya no son solo celebridades, sino millones de creadores que, desde sus pantallas, reinventan la belleza cada día.

Cortesía Getty Images

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