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Opinión, Woman

BALENCIAGA Y LOEWE: DOS MIRADAS, UNA NUEVA FEMINIDAD

Por María Jesús Sielfeld - octubre 7th, 2025

La Semana de la Moda de París estuvo llena de recuerdos y comienzos. Entre tantos debuts esperados, de Dior a Maison Margiela, hubo dos que realmente se robaron la conversación: el de Pierpaolo Piccioli en Balenciaga y el de Lázaro Hernández y Jack McCollough (el dúo detrás de Proenza Schouler) en Loewe. Más que cambios de dirección creativa como cualquier otro, ambos fueron muy enfáticos en lo que querían transmitir y su propósito en la marca. Dos maneras distintas, pero curiosamente conectadas, de pensar el futuro de la moda y de reinterpretar qué significa vestir a la mujer hoy. Los dos recibieron ovaciones de pie, y no era para menos: cada colección marcó un inicio optimista de una nueva etapa para sus respectivas casas.

En Balenciaga, Pierpaolo Piccioli apostó por una elegancia silenciosa, de esas que no necesita excesivo material, volumen o brillo para imponerse frente al público. Su debut fue un diálogo respetuoso con el legado de Cristóbal Balenciaga, un diseñador que siempre admiró. Inspirado en el famoso Sack Dress de 1957, Piccioli experimentó con el movimiento, trabajando materiales como gaza o algodón en siluetas ligeras. Cristóbal era famoso por utilizar materiales yuxtapuestos, algo con lo que también jugó Pierpaolo en vestidos tubo adornados con pequeños paneles de plumas cortadas. Los tonos fueron sobrios con negro y marfil, pero interrumpidos por toques vibrantes de magenta, rojo y verde absenta. Destacaron las chaquetas moteras de corte cocoon, un top de cuero con falda de pliegues y el nuevo bolso Bolero, símbolo de su idea de crear moda “ordinaria pero extraordinaria”.

Al otro lado de este espectro, en Loewe, Hernández y McCollough trajeron su energía neoyorquina y su gusto por lo experimental. Su colección respiraba modernidad y carácter, inspirada en la obra Yellow Panel with Red Curve de Ellsworth Kelly. A partir de esa referencia, construyeron una propuesta llena de color, con amarillo canario, rojo carmesí, azul cobalto, y centrada en el cuero, material insignia de la casa española. Lo manipularon de maneras exquisitas: con bordes sin rematar en jeans y tops, vestidos asimétricos, en capas rígidas, o en una versión de ante con textura de toalla para minivestidos. Una alusión clara a la artesanía, pero también al juego y la innovación.

Cortesía Balenciaga 

Aunque estéticamente distintas, las visiones de ambos comparten una idea común: proponer una nueva feminidad. La de Piccioli es serena e intelectual, una belleza que no comprime, sino que libera y da aire al cuerpo, algo alejada de la visión distópica de su predecesor. La de Hernández y McCollough es más directa, alegre y urbana, al combinar la comodidad del sportswear con la inteligencia del diseño, pero sin dejar de lado la sensualidad. Dos miradas que difieren en lo artístico, pero que, sin embargo, ponen a la mujer y no al espectáculo en el centro.

¿Cumplieron con las expectativas? La respuesta, a juzgar por la reacción de la industria, es un rotundo sí. Piccioli demostró que su sensibilidad para la alta costura puede revitalizar Balenciaga con un enfoque más luminoso y humano, generando una larga ovación y el entusiasmo de editoras y celebridades. De igual manera, Hernández y McCollough disiparon cualquier duda sobre cómo suceder a un diseñador tan influyente como Jonathan Anderson, presentando una colección audaz y llena de propósito que fue aplaudida incluso antes de que la última modelo abandonara la pasarela. Ambos debuts estuvieron a la altura del desafío y marcaron el prometedor inicio d futuros brillantes y muy personales para dos de las casas más importantes de la industria.

Cortesía Loewe 

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