STARDUST APHRODITE: TAN MUGLER COMO FREITAS
Por María Jesús Sielfeld - octubre 6th, 2025
El debut de Miguel Castro Freitas en Mugler estuvo lejos de ser discreto. Con su colección “Stardust Aphrodite”, el diseñador portugués transformó un estacionamiento en el distrito 11 de París en una pasarela poco habitual, donde lo teatral se mezclaba con lo brutalista. Entre luces frías y ecos metálicos aparecieron plumas, vinilo y una sastrería que, aunque dialogaba con la historia de la casa y referencias directas a Thierry, también dejaba ver las ganas del creador de marcar su propio sello.
El desfile trajo de vuelta la silueta de reloj de arena, ese ADN inconfundible de Mugler, en tonos beige, camel y gris cemento. Hubo faldas de vinilo, pantalones con cinturas bajas y acolchadas, corsés, además de vestidos transparentes que jugaban con la línea entre lo sensual y lo provocador. También aparecieron alusiones al glamour camp, como el tocado de plumas “Too Funky” o un vestido nude con falda de plumas. Entre las piezas más comentadas estuvo un traje dorado con chaqueta y guantes incorporados, así como un vestido negro cubierto de estrellas plateadas.
Con experiencia en Dior, Lanvin y Dries Van Noten, Freitas contó que su meta era rescatar la artesanía y el dramatismo de Mugler, pero desde una mirada moderna. Quizás por eso dejó atrás el característico negro de la firma (pocas propuestas en la pasarela) para apostar por gamas que suavizaban las formas y ofrecían una versión más cotidiana de la feminidad. Su elección de tonos pareció un gesto calculado más que arriesgado. Sí, suavizó el dramatismo; sí, modernizó ciertos códigos. Pero fue una jugada segura, un movimiento más prudente que audaz.
Cortesía Mugler
El cine también se coló en la propuesta. Tal como Thierry Mugler, Freitas siente fascinación por la Edad de Oro de Hollywood, algo que se reflejó en escotes teatrales, plumas exóticas y transparencias dramáticas. Y, aunque Freitas intentó abrir nuevas categorías con bolsos baguette, ear cuffs y zapatos de punta cuadrada, esas incorporaciones se sintieron como si el espectáculo artístico fuese llevado más a un terreno comercial. No lo juzgamos, siempre hay que sobrevivir en la industria de la moda, pero es algo para estar atentos en un futuro.
El resultado fue un desfile sólido, espectacular y muy Mugler. Demasiado Mugler, quizás. El show entregó lo que se espera de la marca: dramatismo, precisión y espectáculo. La duda es ¿cuánto había realmente de Freitas en todo esto? Su debut fue sólido, sí, pero todavía sonaba más a un eco del archivo que a un grito propio, como si fuese un ejercicio de continuidad. En pocas palabras: muy Mugler, poco Freitas. Un inicio prometedor, pero que todavía deja abierta la expectativa de cuánto espacio ocupará la mirada del nuevo director creativo en las próximas temporadas y qué deberá pasar para que su voz se escuche más alto que la de Thierry.
Cortesía Mugler
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