VITALE EN VERSACE: HUELLAS DE UN ROMANCE ETERNO
Por María Jesús Sielfeld - septiembre 30th, 2025
Dario Vitale no llegó a Versace en un momento fácil. Tomar el relevo después de Donatella implica un reto enorme: entrar a una casa marcada por la memoria, el deseo y los excesos en detalle y animarse a escribir un nuevo capítulo sin borrar las huellas de los que vinieron antes, es un reto titánico. Su debut en la Semana de la Moda de Milán no se sintió como un desfile más, sino como una puesta en escena íntima y teatral, donde cada prenda parecía hablar de Gianni y, al mismo tiempo, de la urgencia por construir un futuro propio.
Las piezas se mostraron justo en esa frontera entre lo que se modela y lo que se guarda. De frente parecían “discretas” (nada de lo que hace Versace es reservado), pero al dar la vuelta dejaban ver espaldas abiertas, lencería a la vista y cinturones apenas sostenidos sobre la cintura. Fue un juego sensual que no necesitó exagerar para ganar, retomando ese lenguaje del sexo que Gianni Versace hizo parte esencial de la casa, pero ahora desde la insinuación más que desde la evidencia.
En lo estético, Vitale jugó con siluetas de tiro alto, chaquetas cropped con hombros marcados, shorts mínimos para hombres y blazers sujetos con cinturones. También aparecieron cárdigans anudados a la cintura, estampados de caras en faldas y pantalones, patrones de rombos, chalecos bordados en patchwork y chaquetas de cuero que iban del dandi rockero a un erotismo más explícito. Por su parte, la paleta de colores se movió entre un rojo vibrante, verde lima, azules y verdes, negro con hilos metálicos y toques de ultravioleta: un universo pop que revivía la energía de Miami en los años 80 y 90, los años del prime de Gianni, pero con un aire contemporáneo.
Cortesía Versace
Atrás de toda esta exhibición, había un mensaje claro, que era intentar revivir a Gianni. Sin embargo, Vitale no intentó repetir estampados icónicos ni recargar las prendas con cabezas de Medusa; más bien buscó atrapar la fuerza vital del fundador, esa capacidad para leer el presente y adelantarse a lo que viene. “Quería ir detrás de la ropa para encontrar otra capa”, explicó el diseñador, que convirtió su primera colección en Versace en un homenaje al hombre cuyos diseños conoció desde niño a través de su madre.
El debut de Dario Vitale se leyó como una carta de amor a Gianni: honesta, un poco provocadora y llena de emoción. Más que nostalgia, lo que planteó fue una invitación a mirar hacia adelante con la fuerza del legado como guía. Cada prenda recordaba que el espíritu de Versace no está en repetir al pie de la letra sus códigos, sino en darles un nuevo sentido para las generaciones que vienen. Por eso, en vez de quedarse atrapado en la leyenda, Vitale eligió dialogar con ella, reconociendo la huella del fundador mientras dejaba sonar también su propia voz.
Cortesía Versace
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