Como una oda al volumen y a la textura: una premisa simple, pero poderosa. Así es el cojín Bobble de Tom Dixon. Se trata de una captura a una escultura de nubes en plena metamorfosis, una pieza que transforma cualquier sofá en un escenario sensorial. Su superficie, tejida a mano con bucles generosos de lana, invita a tocar, mirar y sentir e incluso reflexionar. No es solo un cojín: es un manifiesto textil que celebra la imperfección hermosa de lo artesanal.
Cortesía Tom Dixon


