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Opinión

¿MODA O SHOW?: LOS MÚSICOS Y SU OTRA PIEL

Por María Jesús SIelfeld - agosto 29th, 2025

En los últimos años, la moda ha abierto sus puertas a un nuevo tipo de “creativos”: los músicos. Desde Pharrell Williams al mando de la división masculina de Louis Vuitton, hasta SZA como directora artística de Vans o A$AP Rocky en Ray-Ban Studios, la industria parece decidida a entregar sus códigos a quienes antes solo ponían la banda sonora de un desfile. Y aunque suena innovador, también abre un debate que incomoda: ¿estamos frente a una revolución cultural que amplía las fronteras del diseño o simplemente ante el show más rentable de la temporada? Porque lo que hoy parece una apuesta por la autenticidad puede ser, en realidad, una estrategia para llenar titulares y asegurar conversación en redes. La delgada línea entre el talento real y el espectáculo de marketing nunca había estado tan difusa.

No se puede negar que la mezcla tiene su encanto. Moda y música han estado entrelazadas desde siempre: el rock de los cincuenta no se entiende sin los jeans rebeldes, ni el hip hop de los ochenta sin las zapatillas deportivas que hoy dominan las calles. Lo que vemos ahora es una consecuencia lógica de esa historia: artistas que no solo inspiran tendencias, sino que las diseñan directamente, llevando su visión estética al producto. Rihanna lo demostró con Savage x Fenty o Puma x Rhianna, Kanye West con Yeezy x Adidas marcó toda una generación de sneakers, y Victoria Beckham, aunque desde el pop pasó a la alta gamma, ha sabido sostener una marca consolidada que, guste o no, se toma en serio el oficio.

Pero no todo el mundo logra esa transición. Ahí está Sean “Diddy” Combs, con su línea Sean John, un fenómeno de ventas en los 2000 pero que nunca alcanzó el reconocimiento de los diseñadores establecidos, y cuya realidad actual tampoco le permite seguir ese camino: entre demandas y escándalos, su nombre está más ligado a polémicas que a la moda. Un ejemplo claro de cómo la fama no siempre garantiza permanencia en una industria que exige consistencia, visión y, sobre todo, credibilidad. Asimismo, las múltiples colaboraciones de Travis Scott que, si bien generan expectación, muchas veces parecen más un “drop” pensado para agotar en minutos que una propuesta con coherencia de diseño. Y en ese terreno está la duda: ¿cuántos de estos músicos realmente aportan una visión estética sólida y cuántos simplemente venden su nombre como un accesorio más del show business?

Cortesía Getty Images, Victoria Beckham y Savage x Fenty

Lo que está en juego no es solo la estética de una colección, sino el futuro de la moda como disciplina. Si cada marca busca a su estrella del momento para encabezar la narrativa, se corre el riesgo de que el diseño pierda profundidad en favor del marketing instantáneo. No todos son Virgil Abloh, que transformó Louis Vuitton en un fenómeno cultural global e hizo posteriormente su propia marca; muchos otros se quedan en la superficie de la fama y poco más. Y mientras tanto, jóvenes diseñadores que luchan por un espacio en la industria ven cómo esos puestos se llenan por celebridades con seguidores y titulares garantizados.

Al final, la unión entre moda y música es inevitable, poderosa y hasta necesaria. Son lenguajes que se retroalimentan y reflejan el espíritu de una época. Pero el verdadero reto está en no confundir influencia con talento. Porque sí, los músicos pueden vestir la moda como una segunda piel y crear momentos icónicos que trascienden generaciones, de David Bowie con Alexander McQueen hasta Bad Bunny con Jacquemus, pero eso no significa que todos estén listos para reescribir la historia del diseño desde dentro. Y ahí surge la gran pregunta: ¿estamos celebrando creatividad genuina o simplemente aplaudiendo un espectáculo bien orquestado? La respuesta, quizás, dependa de si seguimos recordando las prendas…, o solo al artista que las firmó.

Cortesía Getty Images y Rare Beauty 

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