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¿MODA TRIBAL?: UNIFORMES QUE NARRAN QUIÉNES SOMOS

Por María Jesús SIelfeld - agosto 22nd, 2025

La moda siempre ha sido mucho más que tendencia: es un idioma visual capaz de definir a qué perteneces y a qué no. En los pasillos de cualquier colegio secundario y en la vida misma basta con una chaqueta, un peinado o un par de zapatillas para ubicarte en un universo simbólico. Así se construyen las tribus urbanas, esos grupos que, a través de la vestimenta, trazan fronteras invisibles y al mismo tiempo abren puertas a comunidades con códigos propios.

Los rockeros, por ejemplo, encontraron en las chaquetas de cuero, los pantalones ajustados y las camisetas negras un uniforme que trascendió décadas. Lo mismo ocurrió con los punks: imperdibles, tartán, chaquetas con parches y cabello teñido no eran simples excentricidades, sino declaraciones contra lo establecido. Cada prenda funcionaba como un manifiesto portátil, una forma de resistencia que hablaba antes que las palabras.

En el otro extremo, las “good girls” de los años 90 y 2000 construyeron su identidad con faldas de tablas, camisas pulcras y cintillos en el cabello. Un estilo que transmitía perfección y conformidad, pero que también reflejaba un tipo de poder social: el de ser reconocida como “la chica correcta”. Los deportistas, en tanto, encontraron en los buzos, poleras de equipos y zapatillas de marca un escudo que unía a los cuerpos atléticos y proyectaba energía, disciplina y liderazgo.

No faltan tampoco los geeks, quienes, con sus poleras estampadas, mochilas repletas de gadgets y zapatillas cómodas convirtieron el mundo nerd en un estilo propio. Lo que en un principio parecía ajeno a la estética, terminó por convertirse en ella: hoy la “geek chic” es un statement en sí mismo, validado por diseñadores y celebridades que han sabido apropiarse de sus códigos.

Cortesía Totême y Getty Images

Lo fascinante es que estas estéticas, nacidas de la calle y de los patios escolares, han terminado influyendo directamente en las pasarelas. El grunge de Nirvana conquistó a Marc Jacobs en los noventa, el sporty look se filtró en casas como Prada o Dior, y el punk se resignificó en colecciones de Vivienne Westwood o Alexander McQueen. La moda observa, absorbe y transforma estas identidades juveniles en tendencias globales.

Al final, cada tribu urbana demuestra que vestirse nunca es un acto neutral. La ropa puede ser uniforme, disfraz, escudo o bandera, pero siempre es un lenguaje. Y ese lenguaje, la moda lo absorbe y lo resignifica: lo que alguna vez fue un cárdigan de segunda mano en Seattle, terminó convertido en reliquia de alta gama  subastada por cientos de miles de dólares. La paradoja es evidente: movimientos que nacieron para escapar del consumo masivo acaban convertidos en tendencia de pasarela y en un negocio millonario.

Lo hizo Vivienne Westwood con el punk, lo replicó Marc Jacobs con el grunge y lo sigue confirmando Hedi Slimane con su fascinación por las juventudes urbanas. La moda encuentra en estas subculturas no solo estética, sino también filosofía: del DIY punk al upcycling grunge, de la extravagancia glam al minimalismo geek. Porque más allá de los uniformes, lo que las tribus enseñan es que vestirse puede ser un acto de rebeldía, de pertenencia o de pura supervivencia, pero nunca un gesto inocente.

Cortesía Junya Watanabe y  Balmain 

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