AIRE CON RECUERDO: LA HISTORIA DEL PERFUME A TRAVÉS DE SUS CLÁSICOS
Por María Jesús Sielfeld - julio 29th, 2025
Antes de que una fragancia nos recuerde a alguien o nos acompañe como una segunda piel, hubo una chispa. La historia del perfume se remonta a la prehistoria, cuando las primeras civilizaciones quemaban maderas aromáticas en rituales. Desde entonces, los aromas han sido símbolo de poder, sensualidad y pertenencia. Pero fue en el siglo XX cuando el perfume se convirtió en algo más: un accesorio emocional que encapsula quiénes somos y cómo queremos ser recordadas.
Fue Coco Chanel quien intuyó este poder y decidió que su marca necesitaba una fragancia a la altura de su visión. Así nació, en 1921, el inolvidable Chanel Nº5, una composición floral-almizclada que revolucionó la perfumería y marcó un antes y un después. Desde entonces, el frasco cuadrado con esencia de rosa de mayo y jazmín de Grasse no ha abandonado su estatus de leyenda, ayudado por campañas protagonizadas por Marilyn Monroe.
A la par que las mujeres ganaban terreno en el arte, la política y la moda, surgieron fragancias que acompañaban ese cambio. Opium de Yves Saint Laurent se atrevió con lo prohibido en los años 70, mientras Poison de Dior apostaba por la provocación en los 80 con su frasco en forma de manzana. En los 90, Jean Paul Gaultier inmortalizaba el corsé femenino con Classique, mientras Mugler reescribía las reglas con Angel, el primer perfume gourmand que incluía notas de chocolate y algodón de azúcar.
Cortesía Getty Images
Algunas fragancias nacieron de historias personales. L’Interdit, de Givenchy, fue creado exclusivamente para Audrey Hepburn antes de conquistar el mundo; Trésor de Lancôme rinde homenaje a mujeres que abrazan con el alma, y Shalimar de Guerlain nació del romance entre un emperador mogol y su esposa, la misma historia que inspiró el Taj Mahal. Cada perfume es una pequeña cápsula de historia, deseo y carácter.
Y mientras el siglo XXI abrazaba la fluidez de género y la sostenibilidad, nacieron íconos como CK One de Calvin Klein, el primer perfume sin etiquetas, o Infusión de Iris de Prada, con su nostalgia empolvada que evoca la inocencia. Perfumes que no solo huelen bien: cuentan una historia, y a veces, la tuya. Porque al final, una fragancia no se recuerda por sus notas, sino por lo que hiciste, y cómo te sentiste, mientras la llevabas puesta.
Cortesía Armani y Chanel
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