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ALTA MODA A LA ITALIANA: DOLCE & GABBANA CONQUISTA EL FORO ROMANO

Por María Jesús Sielfeld - julio 17th, 2025

Al caer el sol sobre las ruinas del Foro Romano, entre gladiadores, vestales y el murmullo del pasado imperial, Dolce & Gabbana firmó uno de los desfiles más impactantes de su historia. La pasarela no fue otra que la legendaria Via Sacra, primera calle de la antigua Roma, y el espectáculo, más Satyricon que La Dolce Vita, según un espectador sagaz, fue una oda a la teatralidad, el exceso y la historia, donde la moda no solo se vistió de gala, sino también de mármol, oro y memoria.

La colección Alta Moda 2025 fue una carta de amor a la Ciudad Eterna y a la identidad italiana, esa que Domenico Dolce y Stefano Gabbana han exaltado durante más de una década a través de locaciones como Portofino, Venecia o Taormina. Esta vez, Roma fue el escenario definitivo. Gladiadores en plena actuación, actores disfrazados de emperadores y vírgenes vestales ambientaron un front row estelar con figuras como Cher, Isabella Rossellini y Christian Bale. Todo estuvo pensado como una experiencia sensorial completa, donde el pasado y el presente se fundieron en un espectáculo que parecía una película en vivo.

Inspirada en la Antigua Roma, pero también en el glamour del cine de los años 50 y 60, la colección se movió entre la historia y la fantasía con fluidez. Abrió con un vestido rojo con la Loba Capitolina bordada en lentejuelas, seguido por corsés dorados como armaduras imperiales, estolas de terciopelo, y vestidos drapeados que recordaban esculturas clásicas. Las técnicas artesanales alcanzaron niveles escultóricos: vestidos que parecían templos, faldas como columnas dóricas, y capas en gasa trenzada que evocaban a la Cleopatra de Elizabeth Taylor.

Cortesía Dolce & Gabbana 

No faltaron las referencias cinematográficas: siluetas de reloj de arena, tejidos con micropliegues, o abrigos que llevaban bordada la Fontana di Trevi o el Coliseo. Las piezas parecían haberse escapado de Cinecittà. Entre los vestidos más aplaudidos estuvo uno blanco, inspirado en las sacerdotisas de Vesta, cuya tela fue moldeada para crear un efecto de cortinas tridimensionales que convertía a la modelo en una escultura viviente. Y como broche, la alta joyería brilló con collares hechos con monedas romanas reales, estatuas en miniatura y piedras preciosas talladas a mano.

Este tipo de presentaciones son un recordatorio del verdadero poder de la moda: cuando se une con la arquitectura, el arte, el cine y la historia, nos recuerda por qué esta industria existe más allá de lo comercial. En un mundo saturado de algoritmos, métricas y estéticas repetidas, Dolce & Gabbana logra lo más difícil: emocionar y sorprender. Lo suyo no es seguir fórmulas, sino crear momentos irrepetibles que apelan a la belleza, a la memoria colectiva y al sentido de espectáculo. Como decía una inscripción en uno de los cinturones dorados de la colección, Veni, Vidi, Vici. Vinieron, vieron y, literalmente, conquistaron Roma y a todos los que fueron testigos de esta hazaña textil y visual.

Cortesía Dolce & Gabbana 

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