CELINE SS26: COMIENZA EL NUEVO CAPÍTULO CON MICHAEL RIDER
Por María Jesús Sielfeld - julio 8th, 2025
Un foulard de seda blanco y negro fue la primera pista. No estaba sobre la pasarela, sino sobre los hombros, bolsos y cinturones de los invitados que llegaron a la sede de Celine en Rue Vivienne. El accesorio, convertido en amuleto del día, hablaba más de lo que parecía: un nuevo comienzo, sí, pero con memoria. Así arrancó el debut de Michael Rider como director creativo de Celine, en un desfile que generó tanta expectación como comparaciones con sus predecesores: Hedi Slimane y Phoebe Philo. La secuela fue una colección que caminó con paso firme entre la nostalgia y la intención de futuro, pero que también dejó preguntas abiertas sobre el verdadero lugar de Rider en la historia de la marca.
El desfile, realizado en un lluvioso domingo parisino, presentó una mezcla de códigos preppy, guiños americanos, sastrería estructurada y siluetas ajustadas que se alejaron del minimalismo oversized que muchos esperaban. En su lugar, Rider apostó por pantalones sastreros y otros oversize como bombachos, chaquetas con hombros marcados y una interpretación juguetona de la herencia de Celine: desde LBDs con bordes de cristal hasta bolsos reinterpretados en tamaño XL, charms excesivos y pañuelos atados al cuello. Todo esto acompañado por música de The Cure, como un mensaje subliminal: aquí hay emoción, contradicción y algo de melancolía.
Ahora bien, ¿fue una buena colección? Sí. ¿Fue una colección de Celine? Depende a quién se le pregunte. Rider no borró el pasado, pero tampoco pareció querer hacer algo radicalmente nuevo. Su propuesta es híbrida: toma elementos de su paso por Ralph Lauren, de la estética BCBG francesa, del legado de Philo y la rentabilidad de Slimane. Pero en ese deseo de complacer a todos, algo se diluye. Algunas piezas, como los collares recargados, los pantalones abombados o los logos en exceso, rozan lo caricaturesco. ¿Era necesario tanto? ¿O este maximalismo funcional busca justamente lo contrario: ser recordado?
Cortesía Celine
Como debut, Rider demuestra oficio, sensibilidad y respeto por la casa que lo formó. Su mirada sobre el vestuario como objeto emocional, algo que se guarda, hereda y transforma con el tiempo, es potente y honesta. Sin embargo, queda en el aire si su enfoque tendrá la fuerza suficiente para marcar una nueva era en una industria que no perdona la tibieza. En un escenario de incertidumbre económica y creativa, Celine necesitaba más que un buen desfile: necesitaba dirección.
Este primer capítulo de Rider al mando de Celine es una carta de presentación sólida, pero no definitiva. Tiene fundamentos, pero aún busca una voz propia. Quizás su apuesta no sea el ruido, sino la constancia. Y quizás, también, Celine no necesita una revolución, sino alguien que sepa traducir su herencia con el idioma actual. Michael Rider, por ahora, parece estar escribiendo esa historia con letra elegante, pero sin signos de exclamación. Sin embargo, el desafío será que esa caligrafía no pase desapercibida. Celine le ha abierto las puertas. Ahora le toca a él decidir si quiere quedarse cómodo en el salón o moverse con fuerza por toda la casa.
Cortesía Celine
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