UN HOMENAJE A DEMNA: LA EXPOSICIÓN RECAPITULATIVA DE BALENCIAGA
Por Andrea Cova - junio 27th, 2025
En el corazón de una ciudad que ha visto nacer y caer imperios estéticos, Balenciaga inaugura su exposición más ambiciosa hasta la fecha. Titulada Balenciaga por Demna, la muestra es mucho más que un recorrido por una década de colecciones: es una disección quirúrgica de un cambio de paradigma. Lo que se expone no es solo ropa, sino una visión que fracturó la tradición para fundar un nuevo orden estético.
Instalada en el histórico edificio de Kering —un monasterio reconvertido que parece dialogar con la tensión entre lo sagrado y lo profano que Demna ha cultivado—, la exposición no busca agradar ni reconfortar. Al contrario: incomoda, interpela y, en sus momentos más lúcidos, conmueve. Es una cápsula de tiempo donde las piezas hablan, se repiten y se niegan a envejecer.
Desde su llegada a Balenciaga en 2015, Demna ha operado con una lógica radical: la de deconstruir la elegancia desde dentro. Para él, la alta gama no está en los materiales nobles ni en las siluetas perfectas, sino en el gesto de subvertir las expectativas. En esta exposición, ese gesto se vuelve tangible. Hay prendas que imitan lo vulgar, bolsos que emulan bolsas de mercado, abrigos que desbordan los cuerpos. Pero todo está calculado con precisión.
Cada look exhibido —más de cien, entre archivo, piezas inéditas y reconstrucciones— está montado como una declaración. Hay eco de Cristóbal Balenciaga, sí, pero filtrado por el lente de lo distópico, lo urbano, lo marginal. Como si la silueta de los años 50 hubiera pasado por un túnel postapocalíptico y regresara mutada, más fuerte, más incómoda.
Cortesía Balenciaga
Uno de los ejes más fascinantes de la exposición es cómo Demna ha hecho del artificio una herramienta de sinceridad. En sus colecciones, lo falso se exhibe como verdadero: los vaqueros son de cuero, las camisetas parecen sucias y las zapatillas llegan ya gastadas. Esa inversión de valores, que tantos críticos malinterpretaron como cinismo, aquí se revela como una crítica frontal a las formas tradicionales del deseo en la moda.
La exposición también se permite jugar con el formato museográfico. No hay una narrativa lineal. Es un archivo en ebullición: en lugar de cronología, hay confrontación y todo es simultáneo. Como si Demna nos dijera que la historia ya no se cuenta en capítulos.
Pero lo más notable de esta exposición es que, incluso en su rol de retrospectiva, no es nostálgica. No hay autocomplacencia. Si algo deja claro esta década es que Demna no buscó solo reinterpretar a Balenciaga: quiso redefinir la relación entre marca, moda y tiempo. Esta muestra es un manifiesto visual sobre lo que significa diseñar desde el presente: con ironía, con peso político y con brutal honestidad.
A días de presentar lo que sería su última colección de alta costura para la casa, Balenciaga por Demna se siente también como un acto de cierre. Un epílogo que no mira hacia atrás con melancolía, sino con la calma del que sabe que ya escribió una página crucial de la historia de la moda.
Cortesía Balenciaga
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