UNA VERSIÓN DIFERENTE Y MODERNA DEL ADN DE VIVIENNE WESTWOOD FALL 25
Por Andrea Cova - mayo 5th, 2025
La colección Fall 2025 de Vivienne Westwood aterriza en un contexto de expansión global para la firma británica, que en los últimos meses ha desplegado su sello en pasarelas tan diversas como Mumbai y Barcelona. Por un lado, un desfile espectacular en India, donde las siluetas drapeadas y deconstruidas que son emblema de la casa se reinterpretaron en tejidos tradicionales locales; por otro, su primer show nupcial independiente en la capital catalana, marcando la consolidación de su floreciente línea bridal. En medio de este torbellino de actividad, llega el lookbook de su línea principal, que si bien mantiene el hilo conductor del universo Westwood —tartanes, corsés, tweeds y asimetrías—, empieza a mostrar ciertas fisuras cuando se observa con atención.
En esta nueva entrega, la casa juega sobre seguro: los códigos que han mantenido a su clientela fiel siguen allí, pero se presentan con ligeros giros hacia lo contemporáneo. Hay un claro coqueteo con el sportswear, visible en chaquetas técnicas y denim tratado, en un intento por conectar con un público más joven, heredero del entusiasmo que despertó su colaboración con Palace. Al mismo tiempo, la colección mira hacia su propio archivo, resucitando cortes y motivos icónicos como las diagonales de la colección Cut, Slash, and Pull de 1991 o reinterpretando logotipos que remiten a capítulos anteriores de su historia. Es un ejercicio que busca equilibrar el pasado y el presente, ofreciendo piezas tanto para el consumidor clásico como para aquel que busca un guiño novedoso dentro de un marco reconocible.
Cortesía Vivienne Westwood
Sin embargo, detrás de esta estrategia milimétrica, subyace una realidad que es imposible pasar por alto: tras la muerte de Vivienne Westwood en 2022, la esencia insurrecta que caracterizaba a la firma empieza a diluirse. La pregunta sobre hacia dónde se dirige la casa sin su fundadora sigue flotando en el ambiente, y esta colección Fall 25 ofrece pistas claras. Si bien Andreas Kronthaler y el equipo de diseño han hecho esfuerzos por mantener vivas las señas de identidad, lo que se percibe en este lookbook es un lenguaje menos radical, menos desafiante. Las prendas, aunque técnicamente impecables y bellamente confeccionadas, parecen responder más a una lógica de mercado que a la provocación estética que definió los grandes momentos de Westwood.
Cuando muere el fundador de una firma tan icónica, es inevitable que las cosas cambien. Y en el caso de Vivienne Westwood, ese cambio ya se siente: el discurso se ha suavizado, las apuestas creativas se han moderado y la tensión entre arte y comercio —que siempre estuvo en el corazón de la marca— parece haberse resuelto a favor de lo segundo. El resultado es una colección que funciona como un ejercicio de continuidad, pero que carece de ese filo que solía incomodar y seducir al mismo tiempo. En vez de gritar, como lo hacía Westwood en sus mejores épocas, esta propuesta susurra. Y aunque sigue teniendo «algo para todos», como prometen sus múltiples líneas y expansiones, lo que pierde es precisamente aquello que no se puede imitar ni archivar: la chispa anárquica y visceral que solo Vivienne sabía encender.
Cortesía Vivienne Westwood
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