Antisistema, iconoclasta, irreverente y con un legado único. Es fácil hablar de un imperecedero legado cuando las o los diseñadores fallecen, incluso con los deportistas o artistas de todo ámbito. La visión sobre el pasado se vuelve abrumadora y de un momento a otro, todo pareciera tener más o menos pesos de que realmente conlleva. Con Vivienne no es así. Su trayectoria es digna de la historia. A los 81 años falleció Vivienne Westwood; tranquila y rodeada de su familia en su hogar en Clapham, al sur de Londres. “Vivienne continuó haciendo las cosas que amaba hasta el último momento, diseñando, trabajando en su arte, escribiendo su libro y cambiando el mundo para mejor”, comentaron desde la firma mientras daban a conocer la noticia. “Llevó una vida increíble. Su innovación e impacto durante los 60 años ha sido inmenso y continuará en el futuro”, agregaron.
Vivienne se consideraba taoísta. Escribió “Tao Spiritual System”, donde enloso la idea de que pertenecemos al cosmos y que este le un propósito a las vidas. “Hoy nunca hubo más necesidad del Tao”, dijeron desde la firma que llora la partida de su fundadora. Un ícono y un emblema que habló sobre sostenibilidad y cambio climático antes que nadie. Inconformista por naturaleza, como buena aries. Nació un ocho de abril de 1941, en una época definida por la Segunda Guerra Mundial y los cambios que trajo la post guerra. Vivió en el Londres más revolucionario de todos, aquel donde estaba prohibido prohibir y la imaginación se llamaba a tomarse el poder. 1968 fue un año de cambios, The Beatles se consagraba como la banda de la época y Vivienne comenzaba a abrirse camino en la moda o, mejor dicho, la anti-moda. En los 70, con el apogeo del movimiento hippie, el punk se erguía como contra respuesta. En 1971, la diseñadora abrió la tienda “Let it Rock” en la 430 de King’s Road junto a Malcolm McLaren, mánager de los Sex Pistols. Aunque en ese entonces, la banda aun no existía como tal. Posteriormente, la boutique se convirtió en “Sex” y los diseños de Westwood en un icono antisistema.
Cortesía Vivienne Westwood
Los símbolos del Reino Unido fueron reinterpretados por Westwood, quien, de la bandera, el mítico tartán escocés o los kilts símbolos de una nueva era. Siguiendo la filosofía que plasmó en su libro, Westwood vivió la vida que debía vivir e hizo uso pleno de su carácter revolucionario. Su activismo no solo se manifestó en lo que respecta al medioambiente, si no, al sistema completo. El punk siempre habitó en su corazón, al igual que aquella actitud contestataria que manifestó en sus propias pasarelas. Con ella modelando o con mensajes a través de sus prendas, la diseñadora reivindicó “el pensamiento como resistencia activa a la propaganda consumista, que nos hace perder la capacidad de discernir y juzgar”. El capitalismo, según su visión, es el mal responsable de la crisis medioambiental, “un crimen, la raíz de la guerra, el cambio climático y la corrupción”. Sus palabras fueron siempre contundentes y sus diseños, prueba de su visión irrisoria y revolucionaria. “Queríamos socavar el status quo. Lo odiamos. Queremos destruirlo. No lo queremos. Éramos jóvenes contra la edad, eso es lo que era”, comentó en alguna ocasión, siendo consciente de su condición como “joven trabajadora”, de la clase trabajadora. Un ícono que siendo parte proletariado, pudo sobrevivir en el mundo del arte replicando su voz y su mensaje. “Continuaré con Vivienne en mi corazón”, mencionó su compañero de vida, Andreas Kronthaler. Su legado permanecerá eternamente mediante la fundación sin ánimos de lucro, The Vivienne Foundation. El último gran proyecto de la diseñadora junto a sus hijos y nieta. Una que, por lo demás, se lanzará en 2023 para honrar y continuar su trayectoria.
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