Enfilándose por las veredas de la Quinta Avenida o entre las pequeñas colinas del Fort Tryon Park de Manhattan, caravanas de personas se agolpaban ávidas para asistir a un evento sin precedentes. La agitación de la multitud debió ser semejante, probablemente, a la de las peregrinaciones durante la Edad Media, cuando hordas de fieles se congregaban en las catedrales para admirar las sagradas reliquias de Cristo o de los santos. En este caso, no era para menos, pues se trataba de la exposición más exitosa que ha organizado el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en sus 150 años de vida. Así, entre mayo y octubre de 2018, alrededor de 1.700.000 espectadores presenciaron la muestra ‘Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination’. En la historia del museo estadounidense no existe, de hecho, otro ejemplo de equivalentes características, o en la de cualquier museo en el mundo entero. Ni la ilustre e insólita visita de ‘La Gioconda’, de Leonardo a la Gran Manzana, a comienzos de los años 60, o de los tesoros de Tutankamón, a fines de los 70, logran acercarse a los números del masivo evento comisariado por el Anna Wintour Costume Center, que el británico Andrew Bolton lidera desde 2015. Es, sin duda alguna, un hecho clave. Cuando me incorporé al museo como investigador visitante, en enero de 2019, sus galerías y corredores me parecían rememorar la legendaria exposición. La imponente sede enclavada en una de las aristas del Central Park y los claustros del monasterio neorrománico con vista al río Hudson seguían haciendo eco del espectacular montaje aplaudido por el público y por la crítica especializada. Gracias a mi trabajo con las colecciones de arte medieval me fue posible tener un contacto remoto con la muestra, debido a que el departamento responsable de esas piezas había jugado un papel central en la elaboración de la exposición. Cabe decir que ‘Heavenly Bodies’ sigue siendo el evento más extenso llevado a cabo por el Metropolitan Museum hasta el día de hoy. Nunca antes se había reunido tal cantidad de artefactos a raíz de una sola muestra, por lo que curadores y museógrafos decidieron abarcar más espacio y usar las instalaciones del Upper East Side como The Cloisters para evidenciar, entonces, la manera en que las imágenes cristianas habían inspirado a los grandes diseñadores de los siglos XX y XXI.
Fotografías gentileza THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART NY
A través de extraordinarias creaciones, la exposición hizo palpable el diálogo que el mundo secular mantiene con el mundo religioso todavía en la actualidad. En ese orden, un puente fundamental para conectar ambas esferas ha sido la Alta Costura. Como preciosos vestigios al interior de vitrinas de cristal, alzados en hilera sobre elevadísimos plintos o levitando sobre los accesos de las salas, desfilaban los alucinantes diseños contemporáneos de Karl Lagerfeld para Chanel, John Galliano para Dior, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli para Valentino, Versace, Dolce & Gabbana y Viktor & Rolf, entre muchos otros. Asimismo, insignes nombres del pasado estuvieron representados por piezas de excepcional valor histórico, firmadas por Jeanne Lanvin, Elsa Schiaparelli, Madame Grès o Cristóbal Balenciaga.
En todos estos, la iconografía católica se colaba en forma de cruces gemadas, tocados similares a mitras episcopales o a coronas marianas, alas angelicales, nimbos irradiando rayos dorados, telas estampadas con famosas pinturas religiosas, etc. No obstante, como Bolton ha insistido en más de una oportunidad, las muestras del Costume Center (que se remontan a los tiempos de la célebre Diana Vreeland, luego de ser despedida como editora de Vogue) incitan a reflexionar cómo la Haute Couture, ropa al fin y al cabo concebida por y para su función, no es demasiado distinta de las pinturas de Caravaggio o de las esculturas de Rodin custodiadas en el museo. En ‘Heavenly Bodies’ ello era enfatizado por los mosaicos bizantinos o la orfebrería gótica que se mostraban lado a lado con los vestidos, estimulando una apreciación comparada por parte de los espectadores. Se incluyó, además, una nutrida selección de prendas litúrgicas y joyas prestadas, por ejemplo, por la sacristía de la Capilla Sixtina del Vaticano.
Para este 2022, el tema de la Met Gala, estrechamente asociado al montaje que cada año desarrolla el Metropolitan Museum en torno a la moda, se dedicará de nuevo al diseño en Estados Unidos, correspondiente a la segunda parte de la exposición ‘In America’. En este caso, ‘In America: An anthology of fashion’ busca generar una radiografía que explicite los cambios experimentados por el estilo estadounidense. La ropa tendrá como contexto 13 de los ambientes domésticos replicados en el museo para facilitar un panorama integrado de las transformaciones del gusto en el país norteamericano. Las piezas Haute Couture tendrán, una vez más, un protagonismo indiscutido, y es que estos diseños son auténticos objetos escultóricos, acaso afines a los trabajos de artistas contemporáneos como Bernard Schultze, Mauro Perucchetti, Nick Cave, Yinka Shonibare, Li Xiaofeng o Atelier E.B. Este parentesco lo ha reforzado también el mercado del arte. En sus catálogos, junto a los clásicos de siempre —Picasso, Bacon, Warhol y Richter—, Christie’s, Sotheby’s y Lempertz han incorporado a Chanel, Dior, Saint-Laurent, Yamamoto y Mugler. No por nada, en 2010, Kerry Taylor subastó un vestido de David Emanuel en la no despreciable suma de £160.000. Es cierto que el haber sido usado por Diana de Gales pudo tener más incidencia en su valor que la prenda como objeto de diseño en sí mismo. Con todo, sintomatiza que la Alta Costura puede ficcionalizar un aura semejante a la que, en siglos pasados, era exclusiva de los huesos santos o de las llamadas “obras de arte” … CONTINÚA LEYENDO EN ISSUE #43 SUSCRÍBETE AQUÍ



