¿MÁS ES MÁS?: MARC JACOBS Y SU EXPERIMENTO DE BELLEZA AMPLIFICADA
Por María Jesús Sielfeld - julio 2nd, 2025
Marc Jacobs no presentó una colección: hizo una pregunta. En plena Biblioteca Pública de Nueva York, mientras sonaba Nick Cave de fondo y las modelos desfilaban sobre una pasarela angosta con plataformas imposibles, el diseñador propuso una nueva ecuación de la belleza. ¿La fórmula? Encaje, polisones, acolchados gigantes y lazos 2D en proporciones que rozaban el delirio. Fue un desfile de apenas cuatro minutos, pero suficiente para dejar en claro que en su universo el “menos es más” nunca tuvo cabida
La colección Otoño 2025 llevaba un título simple: “Belleza”. Pero si alguien esperaba armonía, equilibrio o una idea tradicional de lo estético, estaba en el lugar equivocado. Jacobs citó una definición casi de diccionario en sus notas, pero lo que se vio en la pasarela fue todo lo contrario a lo obvio. Pantalones cargo con bolsillos del tamaño de mochilas, vestidos abultados con caderas acolchadas, blusas con mangas “englobadísimas” en forma de corazón y corsés decorados con sujetadores oversize como piezas de collage. Todo era familiar, pero distorsionado hasta ser casi irreconocible. Y justamente ahí estaba el punto.
Desde su regreso tras la pandemia, la exageración se ha convertido en su sello. Y esta temporada no fue la excepción. Jacobs no solo amplificó las proporciones: jugó con la percepción, la nostalgia, la teatralidad y hasta con lo absurdo. El romanticismo apareció en forma de encaje púrpura, lazos infinitos, y maquillaje de “flechazo” diseñado por Pat McGrath. Pero este romanticismo no era dulce, era incómodo. Incluso inquietante por momentos. Como si las modelos vinieran de un universo paralelo entre lo victoriano, lo punk y lo grotesco.
Cortesía Marc Jacobs
Ahora bien, ¿funciona esta estrategia de exceso? Depende. Como espectáculo, sin duda: nadie hace una narrativa visual como Jacobs. Sus 19 looks fueron una oda a la imaginación pura, más cercanos a una película de Yorgos Lanthimos (Poor Things, The Lobster, The Favourite) que a una colección comercial. Pero como propuesta de moda, queda la pregunta: ¿estamos frente a una evolución artística o a una sobrecarga visual que termina por saturar y alienar? En muchos casos, los volúmenes eran tan exagerados que ocultaban las prendas en lugar de revelarlas. El riesgo es que el mensaje se pierda en el ruido, que lo conceptual opaque lo deseable, y que lo “bello”, ese término tan subjetivo, se vuelva directamente ilegible.
Tal vez eso es precisamente lo que quiere Marc Jacobs: provocar. Alejarse de lo vendible y acercarse a lo irrepetible. Ser un artista antes que un diseñador funcional. En tiempos donde muchas marcas apuestan por lo usable y la mesura, él sigue siendo el gran mago que nos invita a soñar, aunque a veces lo haga con mangas que parecen globos aerostáticos. ¿Más es más? Con Jacobs, al menos, más siempre es diferente.
Cortesía Marc Jacobs
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