Hay algo en la nueva colección de Loewe que no intenta convencerte, porque simplemente ocurre. La propuesta 2026 se instala en ese territorio donde la moda deja de ser discurso y se convierte en sensación: ligera, táctil, casi espontánea. Inspirada en el espíritu libre de Paula’s Ibiza, la colección no replica una estética, la reinterpreta desde un lenguaje mucho más contemporáneo, donde lo artesanal no es nostalgia, sino una forma de alta gama silenciosa.
El crochet, la cestería y las texturas orgánicas no aparecen como elementos decorativos, sino como estructura del relato. Todo se siente hecho para moverse: siluetas sueltas, materiales que respiran, piezas que parecen pensadas para acompañar días sin agenda. Es ropa que no exige, que se adapta al cuerpo y al ritmo, construyendo un clóset que entiende el verano como una actitud más que como una estación.
Cortesía Loewe


La campaña, bajo la mirada de Jack Pierson, se aleja de la perfección pulida para entrar en un terreno más emocional. Las imágenes funcionan como fragmentos de memoria: momentos que no sabes si realmente ocurrieron o si los estás imaginando. Hay una intención clara de capturar lo efímero —la luz, el movimiento, la piel— sin intervenirlo demasiado. Todo se siente honesto, casi accidental, y ahí es donde está su fuerza.
Esa dualidad entre interior y exterior, entre lo urbano y lo isleño, termina de darle profundidad a la narrativa. No es solo Ibiza como destino, sino como idea: evasión, libertad, contacto con lo esencial. Cuerpos al sol, gestos sin filtro, escenarios naturales que no compiten con la ropa, sino que la amplifican. Loewe no propone un look, propone una forma de habitar el verano, más instintiva, más sensorial, más real.
Cortesía Loewe


